Arte es Libertad

                

EL OFICIO DE ESCRITOR

SOLEDAD

Todo comienza con la hoja en blanco, una catástofre se nos avecina, como llenar de tintados pensamientos tanta vacuedad, tanta blancura.
Hay sí paradojalmente una compañía: La soledad implícita y necesaria a la hora de crear.
Flaubert decía que no hay recuerdos que pueblen nuestra soledad, la hacen más profunda aún. Kafka interpretaba la soledad no como un estar aislado, sino como estar muerto, muerto en la necesidad de estar muerto.

El hecho de buscar la propia voz, el tormento de conectar con las profundidades de uno mismo, la agonía de establecer ese contacto hasta que uno lo logra, es algo que nos cuesta las horas, luego ya no se sabe que pasa en el mundo, en que día estamos, todo se vuelve conscientemente inconsciente.

A la hora de escribir, en innumerables oportunidades he pensado en la obsesión (la he sentido) en la carga que supone el silencio y el olvido, no me dejo distraer, son solo mis personajes que pueden conmigo, me atan a sus pensamientos y me llevan por su vida, como si yo ya no tuviera una.
Me siento embargado por ese romanticismo inundado de ansiedad, tristeza, nostalgia.

 Melancolía

La sociedad a la que pertenezco brinda una motivación central para la escritura: La melancolía. En ciertas sociedades es algo implícito, es una tristeza llena de vitalidad y energía, algo vivo. A través de la melancolía se logra poseer y trasvasar esa realidad representada, todo eso se convierte en arte, el arte de la escritura, de la comunicación.

Tenemos una sola vida, pero en esa vida hay muchas vidas, muchas sin sentido. La melancolía quizá en forma generalizada puede que sea, esa falta de sentido de esas vidas, o la conclusión en la muerte, nos debemos explicar a nosotros mismos que en algún momento moriremos, nacer para morir ¿ Cuál es el sentido de esto?
  Ansiedad, tristeza, nostalgia.

BAGAJE DE RECUERDOS

Me dirigí al cuartito del fondo y encontré unos tornillos en la cajita de los recuerdos. Superé la primer instancia que me reservaba esa falta de memoria que a veces despista. Luego de un rato con ellos en la mano, me di cuenta que el óxido me indicaba esa cronología que el tiempo había dado a mis grisáceos cabellos. Recordé entonces aquel arcón en la esquina de mi juventud, en aqella convexa unión que angulaban los días de mis años noveles.

El mecano: Un juego latoso que con disímles componentes nos dejaba crear distintas formas. Uniones, tornillos, tuercas, todo para el ensamble, todo para la creación. Cerré la mano con los tornillos dentro, lo mismo hice con mis ojos y me vi armando una figura con el mecano. Cuando los abrí, entendí que había creado una vida, igual que cuando niño, ensamblando, atornillando instantes, dándome esa licencia de poder vivir el sueño de ser feliz.

 Teoría Literaria
Si nos preguntáramos que es la literatura, o que abarca, muchos nos dirían que todo lo que se imprime en letras, lo que contiene frases o palabras secundadas por una idea, otros dirían que esto o aquello es y no es literatura en una forma de clasificación basada en la subjetividad de la belleza. Cierto es que hecho o ficción pertenecen a la literatura, no es una división que nos pueda adelantar que es lo uno o lo otro, las dos son caras de una misma moneda literaria por decirlo así.

Si lo vemos bajo el aspecto de una forma de escritura, de valorar un lenguaje poco común para algunos y bastante para otros dedicados a la materia, un lenguaje que no se percibe en aquel ordinario, algo más cercano a lo poético, o bien a una prosa acabada, detallista, alejándose de la forma en que se habla en la vida diaria. Digamos a modo de ejemplo que si voy por la calle y escucho: “las miradas se confunden en las sombras perdidas de la noche”, de inmediato sabré que estoy en presencia de algo literario, advierto eso por la textura de las palabras, porque el empleo de las mismas me regala esas tinieblas de esto metafórico que acabo de decir, porque no hay una proporción entre significante y significado. Porque el lenguaje luce, se desprende de lo común coloquial, porque nos da una perspectiva diferente a la de escuchar por ejemplo:“todo ha aumentado de precio, además este mes me llega el seguro del coche“. Claro que esto viene ceñido a un pensamiento formal, pero literatura es forma, pero también contenido, importando tanto uno como lo otro. Claro que la literatura fue pasando por varios procesos, signados muchos de ellos por aquellos que recortaban la forma de hacerla, así podemos diferenciar por ejemplo una literatura bajo el dominio zarista y una Rusia comunista, hasta los primeros citados la cuestión de la discusión se movía en lo formal, lo que vino después fue un mero pretexto para diseñar la literatura en pos de convertirla en vehículo ideológico, común a los regímenes dictatoriales tanto de un lado como de otro. Lo formal se me supone a mí como algo que raya en lo superficial, si la materia abordada se compone de ese único componente, sin embargo si le agregamos adentrarnos en el contenido, ya supone que la mezcla es más compleja y ayuda a dar sentido a nuestras palabras, es decir, no nos quedamos con lo supuestamente bello de las mismas, si no que se añade el sobrepeso del sentido de las mismas, claro que en esto, al ir más allá entramos en terrenos que determinan un camino inequívoco hacia lo psicológico o sociológico. El texto trasunta una compleja realidad social, incluye los sentimientos y ya no se mira la obra solo en sus palabras, una obra que mira lo que le pasa a las personas, como viven, como merecen vivir y agota la transparencia de sus miserias, las muestra en los claros ejemplos que denotan las vidas de sus personajes, lo que estos sienten y por ende lo que hacen sentir, ¿Quién no ha sentido el frío de San Petersburgo junto a Akaki Akakievich en el El Gabán de Gogol, ¿Quién no siente como propia la miserable, repetitiva y solitaria vida del funcionario Don José de Saramago en Todos los nombres?

El contenido no solo es la motivación, es, si se quiere, el eje del relato, el eje por donde circulan las palabras para decirlo en una forma literaria. Tampoco debemos analizar la obra como un mero conjunto de recursos por más literarios que se los tilde, es importante la sintáxis, las técnicas narrativas, la métrica en el caso de la poesía, pero no es lo único, ni siquiera lo determinante, más lo sería, más lo es y eso lo puede reafirmar cualquier lector, lo que nos quiere decir un autor de una obra literaria.

Cuando hablamos de lenguaje ordinario, sabemos de que hablamos, pero esto cae en lo heterogéneo que nos plantean por ejemplo las distintas clases sociales o colectivos donde se hable, no es lo mismo o normal un lenguaje de un religioso, de un barrio bajo o de algún conjunto de estudiantes de filosofía, no es tan simple, es más complejo de lo que parece, no podemos encorsetar en lenguaje ordinario a todos los que de alguna manera existen en circuitos cerrados contenidos por aprendizaje o forma de vida.

Es verdad que en reiteradas oportunidades la discusión se instala en que algo es literario o no lo es. Es fácil hablar de otro siglo y creer que en un siglo romántico como el XVIII todo era poético, pero como no hemos vivido la circunstancia, desconocemos el contexto de la época, por tanto es difícil evaluar el sentido de las palabras para clasificarlas de algún modo metafórico, sin embargo, sí podemos pensar que en un mundo menos dependiente de lo económico, es decir donde sus dioses eran otros tales como las artes, si podemos sospechar un grado más sutil o etéreo si se lo quiere llamar de las frases consignadas a la literatura. Ahora bien, si pensamos en que literatura es escribir de una forma plagada de belleza únicamente, ¿Qué queda para aquello que se escribe fuera de esa visual característica? ¿Qué queda para personas como Bukovsky que lo ha hecho desde su lugar en la sociedad, con lo residual del lenguaje? ¿Es que eso no es también literatura? O quizá también enfrentado a lo poético, aquel que escribe sin exhibir ampulosidad, con un lenguaje sencillo, aunque sobrio y descriptivo, ¿No merece considerarse literario?

Para algunos, todo escrito es susceptible de categorizar como literario, la revista Superman por ejemplo o aquellos fascículos de Readers Digest con el que nos bombardearon en alguna época pasada. Lo importante en todo caso es que haya discusión, que podamos elevar nuestro pensamiento y que tanto los que piensan de una u otra forma, puedan debatir que es, en que mundo se encuentra sumida, que contenidos la componen, quizá todos tengan razón a su manera y literatura sea lo que ve cada cual a su estilo, desde su propia perspectiva.

A pesar de todo lo dicho, puede verse como una excentricidad o algo identificado con lo superintelectual el hecho de expresarse sobre una dicotomía sobre una supuesta teoría literaria. Claro si comparamos esto con las grandes discusiones en las que debiéramos los humanos estar compenetrados, si pensáramos que somos peores que cualquier otra especie animal que solo dedican la matanza prójima al sustento familiar, si tomáramos en consideración que hoy con un exiguo porcentaje de lo que se invierte en armamento, se terminaría con el hambre del Tercer Mundo, pues el presente estudio transita por los caminos de la banalidad. Sin embargo, la forma de saber que nos pasa, porque nos pasa y sin dejar de lado el juicio de la posteridad en un análisis hacia nuestra forma de relacionarnos y de ver la vida, esa comunicación, verbal, escrita, es inminentemente literaria, así de esa forma sabrán de nosotros, tanto, quizá mucho mas de lo que distintos testimonios nos dieron la oportunidad de saber, evaluar, otras sociedades de otros tiempos.
Literatura es entonces, en un modesto intento personal por definirla, un arte, discutible según perspectiva, pero un arte al fin, un arte que implícitamente comunica, donde es tan importante lo que se dice y el cómo se lo dice. Un contenido que relata una historia, la historia de la sociedad que involucra a todo ser que respira, un contenido que ayuda a conocernos profundamente y todo sin olvidarse del lenguaje, ese código enfundado en letras que nos maravilla según las vayamos acomodando, frases que dan imagen de actitudes, de gestos, de comportamientos que abrevan en la fuente de las ideas de quien las escribe. 



MÁGICAS PALABRAS
Nulla dis sine linea
Llegamos al lugar indicado como si hubiéramos recibido una información cósmica. Él buscaba las suyas. Lo digo por Julio, claro a él le era más fácil, en cambio para mí, encontrarlas en una consecuente asociación con mis ideas, me era mucho más complicado, quizá por que Julio tenía ya bastantes compiladas. Mucha escritura y vida centradas en cientos de frases ya homologadas hacia la posteridad. Residían allí, en una secreta vida que les permitían perpetuarse, en ese mundo sin tiempo, las palabras como núcleos generadores de vivencias, afectos y sensaciones con el intrínseco valor cognitivo de su sonoridad y su inmanente disposición asociativa. Preparadas para un discurso coloquial, para una admonición literaria, en una clara conjunción de letras inseminadas de símbolos como sólidos puentes de comunicación. Cuando entramos, había una pequeña recepción, donde un señor, alto con bigotes dispuestos horizontalmente a los lados de sus mejillas como signos interrogantes y vestido en forma solemne con frac, nos daba alguna indicación sobre el lugar, constaban sobre el escritorio , vacío de papeles, vacío de horarios, fechas, agendas o algo que pudiera significar compromiso. Nos explicaba como debíamos encontrar nuestras búsquedas, nos facilitó un gráfico preimpreso en blanco y negro donde se contorneaban las distintas partes del lugar. Saliendo de la recepción se ingresaba en un pasillo angosto que derivaba en un área circular cubierta por estanterías dispuestas en una misma redondez perimetral. En el centro, un gran escritorio circular con lámparas individuales, una al lado de la otra hasta cerrar el círculo, aportaba una especie de serenidad y ambientación placentera especial para la búsqueda y conciliación de las palabras. A un costado estaban las escaleras que nos llevaban a dos pisos superiores concebidos de igual manera al de la planta baja. En sentido descendente, había otra que bajaba a un sótano con las mismas características circulares, con sus correspondientes estantes dispuestos en dos semicírculos por estancia acompañando la redondez de aquellos muros casi ovales. Aunque los estantes parecían vacíos, no lo estaban, daban por su frente y alto una idea de dimensión, no así su profundidad donde no se visualizaba un límite determinado, solo se patentizaba una limitación en la negrura de su infinita concepción universal. En su interior, todas las palabras llenando ese espacio infinito. Allí permanecían en la espera de zutanos que buscaran conciliarlas , que definieran una historia, un cuento, en variadas construcciones literarias destinadas a ser escuchadas con los ojos de los muertos. Los diferentes estadios correspondían al mundo de los conceptos, que unidos a lo real y lo ficticio, ilustraban en forma de escritura, lo que los creativos y oficiosos escritores siempre nos han querido comunicar. El carácter general, tenía sin embargo, una simiente extraordinariamente semántica. El primer piso, generaba un sentido sincrónico, mientras que el segundo y el tercero eran de contenido diacrónico. La planta baja conjugaba la sonoridad de las palabras que tanto implican para lo literario, en la consecución de una sensación armónica, casi musical. El sótano funcionaba como apéndice, figuraban allí en forma añadida, accesoria para amalgamar la función de las palabras, las distintas alternativas como recursos ofrecidos para el relato. Así se podía dar uso a la parábola, la peripecia, la metáfora, la recurrencia, la paráfrasis, otros usos demandados, todos en función de la escritura. Permanecí sentado en la primera planta mucho tiempo, a Julio se lo veía subir y bajar en esa intensa búsqueda de palabras que lo había caracterizado durante su vida, en cambio a mi se me daba la complicación de enlazarlas una con otra, no sabía por momentos si bajar o subir, quizá esa falta de oficio o de agilidad intelectual o esa ductilidad estructural, que Julio tenía y que esbozaba al menor intento de congeniarlas. Me contentaba, aún me contento, con aquello de que intentarlo es suficiente para encontrar una felicidad interior de poder disfrutar únicamente con el tránsito del camino, sin importar el destino, ensimismado en la realización, sin mirar, muchas veces, hacia el objetivo final, perdiendo de vista la contundencia que nos exige lo literario, esa necesidad de ser efectivos al momento de escribir. Al salir, y luego de prometerse uno reinsidir en la visita, nuevamente el hombre de frac nos entregó una forma que debía llenarse con los datos del visitante y un ítem que enunciaba la palabra: testimonio, Julio escribió Rayuela, yo lo había dejado en blanco. El encargado me preguntó: ¿ningún testimonio? Aunque lo considere poco importante... ¡No! - contesté - Aün no he logrado encontrar todas las palabras.
IDENTIDAD
Si hubiera sido algo rutinario, quizá le habría sido más fácil, pero él no tenía la costumbre de viajar en metro. Sin embargo ese día lo cogió en Paseo de Grácia para volver a su casa despues del trabajo, tenía solo tres estaciones hasta llegar a Lesseps para luego caminar hasta la calle Ballester donde residía hacía años, en un antiguo edificio, aunque renovado gracias a la gestión del actual presidente de la comunidad que ya llevaba cinco años en el cargo. Se sentó en el metro y mientras miraba la llegada a la primera estación, una munjer se sentaba a su lado, la observaba sin tener que verla fijamente, de soslayo se había percatado que era elegante, bien peinada con cabello corto y aunque no se animó a verle los ojos para no delatarse, se los imaginó de un color tenua, haciendo contraste con su ropa oscura: un azul marino. Pensaba también que su olor era agradable, una mezcla de aquí estoy con Givenchy, la propia irradiación de su piel con esa mezcla de perfume francés casi evaporado. Sus labios eran finos, casi sin el detalle labial, con un color humano, húmedos, esperanzados. Alta, con porte de mujer decisiva, la imaginaba dando directivas, custodiando que se cumplan. LLegaron a Fontana y ella no se había movido, él bajaría en la próxima, aunque le hubiera gustado seguir, seguir con ella todo el trayecto y esperar en algún momento poder animarse a decirle algo o que la fortuna hiciera algo en su favor.era el momento precisopara hacer una toma más directa sobre sus rodillas, sobre sus alargadas y finas manos, no llevaba anillo, solo un pequeño reloj Cartier de formato cuadrado, unos pequeños colgantes sin brillo y al realizar un giro para dirigirse hacia la puerta de salida pudo notar que ella giró su cabeza, allí pudo confirmar la sospecha sobre sus ojos color almendra. Pero lo que ella hacía era similar, buscaba enderezarse, mover su cuerpo en dirección de la salida. Destino: bajaban en la misma parada: "Lesseps", quizá este visconde lo ayudara acortando distancias como lo había hecho en Panamá o Suez, pero esta vez hacia esa delicada y femenina forma de caminar. Lo cierto es que mientras él caminaba, ella venía detrás, solo escuchaba un taconeo, no podía verla para no delatar su interés. Cuando viró por Gral.Mitre, el había perdido ese ruido esperanzador, siguiendo su camino hacia la calle Ballester. Fue entonces cuando al llegar al edificio, buscó la llave en su bolsillo, intentó abrir la puerta pero antes giró su cabeza porque sintió una presencia detrás suyo, era ella, que con una sonrisa, esperaba la apertura. - Buenas noches (dijo ella) - Buenas noches - Soy del 4to 3º El contestó con la formalidad de extener la mano derecha _ Ah, mucho gusto: soy 3ro4º - Igualmente, gracias por abrime la puerta
- ¿Es la primera vez que nos cruzamos verdad?
- Así parece, tampoco hace tanto que vivo acá, aunque me parece casual que en dos años que resido nunca nos hallamos visto, ni siquiera en las reuniones de comunidad que ahora por varias razones son más asiduas
- Bueno, quizá mañana tengamos la oportunidad, si es que no volvemos a estar en desacuerdo con la asistencia y usted va y yo no o viceversa
- Mañana iré, han de cambiar toda la puerta de entrada y estoy intersada en los materiales que utilizarán
- También yo iré para dar mi opinión al respecto
Ya en el ascensor, llegando al 3º, se despidieron y 4to 3º siguió hasta su piso
Al día siguiente, a las ocho de la noche en la reunión:
- El presidente (2do 1º) leía la órden del día mientras el secretario (1ro 3º) tomaba nota de la  asistencia.
4to 3º y 3ro 4º se habían saludado al llegar y por cortesía se sentaron juntos, los dos habían llegado prematuros a la reunión.
Leído el órden del día, 2do 1º hizo alusión a los presupuestos sobre el cambio de la puerta de entrada, la que se había decidido cambiar por un aluminio pintado ya que la madera astaba visiblemente deteriorada.
En esos momentos, él se acercó para hablar en voz baja
- Voy a decirle algo, nunca me hubiera imaginado que usted, la señora del metro, fuera 4to 3º, me sorprendió esa situación despues de haber esperado tanto tiempo por conocerla
- ¿Sí? ¿Usted estaba intrigado por mí?
- Mire, en dos años reuniones, 2do 1º siempre la nombraba y citaba algunas sugerencias suyas respecto a las cuestiones de la comunidad y que en ellas se había basado para presentar alguna moción sobre cambios. Sin embargo, parece ser que cuando usted acudiía a la reunión, yo no lo hacía, en cambio al hacerlo yo no lo hacía usted, así nunca hemos coincidido hasta hoy
- Bueno sí, puede ser verdad, la última vez tuve que ir a la Costa Brava por una invitación y como los viernes no trabajo... pues muchas veces las reuniones son en ese día de la semana. Pero he de confesarle una cosa, también yo estaba intrigada, siempre se hablaba en las reuniones de 3ro 4º y yo esperaba ponerle rostro. Aunque la verdad es que algunas cosas se de usted en este tiempo.
- ¿Qué es lo que sabe de mí?
- Bueno, la verdad es que me da verguenza confesarlo
- Quizá me de más verguenza a mí porque yo sí se algunas cosas de usted y...
- ¿Sí?
- ¡Sí!
- A ver 4to 3º,seamos sinceros. Yo le contaré pero primero dígame como está de la tensión arterial
- De la....¿Cómo sabe?
- No se como decirlo...bueno, he mirado en su basura y he visto que está medicado con atenolol (50mg) amoldipino (20mg. Lo siento, es la verdad
- Ahhh...y yo que pensé que...¿Usted come poca carne verdad?
- Si ¿Cómo lo sabe?
- Bueno he mirado en su basura y casi siempre hay restos de pollo
- ¿Usted también?
- ¿Qué más sabe de mí?
- Qué está solo
- Como usted
- Sí, mi basura me delata ¿No es así?
- Sí, y la mía
- Compartimos algunos gustos, el vino por ejemplo, yo bebo Coto de Imaz como usted
y supongo que la leche...
- No, usted bebe La Asturiana y yo una mas baratita, no es por el precio, sino que la que bebo no contiene lactosa
- También sé que hay fines de semana que viene su hijo, he recapacitado y a veces me he cruzado con él ahora lo sé, es su viva imagen
- Ah... pensé que me iba a decir que lo habia visto en la basura
- No, pero si sé que le gusta el pescado porque cuando viene, ese fin de semana, en su casa se come pescado
- ¿Qué más delata mi basura?
- Bueno, que es usted limpia, ordenada
- ¿Porqué lo dice?
- Porque todas las semanas limpia la tierra
- Claro eso va a la basura
- Exactamente
- La semana pasada casi subo al 4º , a su piso
- ¿Sí? ¿Porqué no lo hizo?
- Por timidez, supongo
- ¿Lo hubiera hecho por conocerme?
- Quizá, pero lo que quería era ayudarlo
- ¿Ayudarme?
- Sí ¿Se cortó, no es así?
- Ahh... sí claro las vendas en la basura
- Sí
- Un corte superficial, fue cocinando, ya sabe que me gusta cocinar
- Sí claro, su basura dice que usted hace guisos, ya sabe: patatas, latas de tomate...
- Sí
- Aunque, hace tres fines de semana he visto que ha comprado jamón serrano, así que estuvo de bocata
- Es cosa rara en mí
- Lo sé
- Supongo que usted debe tener que ver con Asturias
- ¿Por qué lo dice?
- Bueno, ya sabe, las cascaras de mariscos
- Ahh, es cierto, me gusta el marisco y también es cierto que he nacido en Asturias, sin embargo, usted en un lugar más cálido, quzá Andalucía 
- ¿Por qué lo dice?
- Por el gazpacho
- Ah si, nuevamente la basura, el pepino delata más que cualquier otra verdura
- Y digamé... ¿Le fue bien en el viaje a Paris?
- Los billetes en la basura ¿verdad?
- ¿Dónde sino?
- Pues sí, me fue bien, he estado un fin de semana con mi hija, ha sido fantástico, sobre todo es que me gusta mucho la cocina francesa
- Bueno, la nuestra tampoco está mal
- Si claro, la cocina española se ha superado a sí misma
- Bueno la verdad es que me gustaría saber más de usted sin hurgar en su basura
. Y a mí
- ¿Le gusta el cava?
- Sí, además pega con el marisco
- Lo sé, ayer he comprado unas gambas de origen argentino, gambones les llaman
- ¿En la Boquería verdad?
- ¿Cómo lo...?Ah, otra vez la basura
- ¿Le gustaron?
- Ah, los he pelado, pero no los he comido aún
-¿ Ah no?
- No. ¿Y si los comemos juntos? ¿Qué le parece una cena con cava y mariscos?
- Pues, diría que me cautiva la idea
- ¿A las nueve le parecería bien?
- En 4to3º o 3ro 4º?
- En 4to, si no le parece mal
- No, me parece mal, pero tendrás que cocinar y ensuciarás la cocina
- No importa, limpiaré todo como siempre cuando cocino, solo que esta vez será para dos, luego, los restos, ya sabes....a la basura
- ¿En la tuya o en la mía?
FUTUROS RECUERDOS
Montroy, Febrero 22 de 2007

Hay cartas que raramente se envían. Supongo que esta tendrá el mismo destino de tantas otras: El cajón de mi escritorio.

Querida Laura:

Hemos compartido el mundo de una generación conflictiva que proyectó sobre nuestras vidas una forma de sentir. Con esto significo que podemos hablar de las mismas cosas, que son nuestras, que son inherentes a nuestro devenir. La música por ejemplo: el bolero es tan nuestro como el “Ayer” de Lennon. Me has dejado un sendero con señales, que yo, metido en esa cotidaniedad convertida en rutina que no debí dejar que nos abarcara no supe percibir, esas señas que ibas dejando como alertas, como si me mostraras lugares vacíos que en algún momento serían ocupados, que provocarían un desplazo. Este último tiempo has tenido varias ocasiones de decírmelo pero se que para ti es difícil decirlo, casi tanto como para mi el haberlo escuchado. Se que no hay nada mejor que el tiempo para pasar; y pasa. El tiempo pasa. Imagina, hace un año ya. Un año que se diluyó en una tensa calma, en un tórrido transcurso de días de irrelevante sonoridad, claxon de la vida que de tanto oírlos acostumbra nuestro sentido auditivo: se nos hacen comunes, asimilables. Sin embargo aquellos que quisiéramos escuchar, se nos alejan, se añoran Laura. Cada vez más me concientizo que vivir es construir futuros recuerdos. En una atroz concordancia, cuando el pasado año se hablaba del principio del fin (el fin de los atentados armados) yo nunca pensé en el fin. Pensé que nuestro fin era el principio. Pero lo otro era destructivo y ya sabes que no me gusta nada eso, que no justifico ninguna guerra, no me gustan siquiera los altisonantes, no entiendo lo que destruye. Pero lo nuestro era una construcción, algo idílico que fue tomando cuerpo, que tuvo sus bajos, sus altos, con tonalidades, pero sumergido irremediablemente en la esperanza que es tan abstracta a veces, que no se cristaliza nunca, pero existe y nos da sentido; ilusión. Te recuerdo. No como quisiera, temporalmente al menos, ya que ese recuerdo hubiera querido que estuviera referido a instantes recientes, pero no hay nada mejor que la realidad tangible para ese baño que da rigor a la pérdida. A veces llevo tu sonrisa en mi bolsillo. Me resulta embarazoso cuando realizo alguna compra y en plena búsqueda de intercambiar lo que tenemos con lo que nos ofrecen, me topo con aquella boca que elevó mi placer al sentimiento. Hube de comprar algún atún en lonchas para darme cuenta. Recuerdo nuestro primer encuentro, la primera vez, el primer sonrojo. Uno siempre tiene ese candor: el mismo de la pubertad cuando miramos a alguien por primera vez con un interés mayor, con algo sobrescrito que únicamente dos pueden interpretar. Quizá pienses que me voy en palabras, y si esto quiere ser una explicación sobre lo que nos pasó, sobre mi mismo, quizá no entiendas tanta profusión lenguística. Pero querida Laura, quiero contarte, decirte, lo que ha pasado por mi corazón en este tiempo, pero también me lo digo, me lo repito a mi mismo. Es como si aprovechara para contárselo a dos personas a la vez. No creas ni por un momento que estar a tu lado fue, pero en nada querer ser como los demás, como aquellos que están juntos pero no saben que los une, que los retiene a permanecer en ese estado. Quería, necesitaba que todo fuera diferente. Me gustaba tu preocupación, tus gestos, tu mirada, tu dulzura…y tu Cocido (porque no decirlo) que disfrutaba sentado a la mesa de tus encantos. Un año Laura. Un año de lucha entre querer conciliar contigo sin que notaras casi mi indiferencia en algunas circunstancias y mi deseo frustrado de correr desesperadamente lo más cerca de tu cuerpo, de tu vida. Así viví. Así asistí a la convocatoria de mis primeras y últimas Fiestas Falleras. A aquel mercadillo librero de La Gran Vía donde no supe seleccionar el libro concordante con la asfixia de mi estado de soledad: soledad de ti, soledad impuesta de todo aquello que significara que no estuvieras a mi lado. Todo me era igual. Estoy tratando de ser lo más sincero posible, lo que me permite la educación que recibió mi conciencia, aquella que condiciona de alguna manera nuestra forma de pensar, de ver la realidad, de imaginar y crear algunas ficciones que nos dan ese lugar al que pertenecemos. Hoy fue un día de cine. No se porque a veces nos empeñamos en ponerle sal a la herida. El título de la película me animaba aún más a sentir tu falta: “Mis días sin ti”: Argumento tristemente cómplice de alguien que lo pierde todo, y cuando hablo de todo, sabes bien que no me refiero a algo material. El personaje deja un mensaje final: “He dejado los armarios vacíos, tan vacíos como mi esperanza de recuperarte. No me esperes, me voy al trópico” Regresé más abrumado que cansado y hurgando en mi polvorienta biblioteca, justo al lado de aquel diccionario de antónimos y parónimos, encontré un libro de tapas azules: también te trajo a mi. Pero me detuve en el diccionario: busqué la palabra amor, seguidamente decía: odio. No era lo que tenía pensado como antónimo, hubiera concebido mejor la indiferencia. Será porque la tuya, tu indiferencia, me desequilibraba más que si me hubieras odiado, si me odiaras Laura, me darías la oportunidad de reconquistarte. La indiferencia no da oportunidades. Me vienen a la memoria, tantas cosas…..aquel día por ejemplo en que compramos dos pulseras, dos baratijas que de alguna manera nos unían. Nunca te dije, pero luego de unas semanas, volví al lugar, y compré otra igual a la que nos regalamos, porque me parecía iba a perder aquella primera. Compré otra igual para que supieras que nunca me había olvidado: aún conservo las dos. Si te dijera por ejemplo: 12 de febrero, para ti no significaría nada, pues para mí fue la noche del silencio y del abrazo, esa noche que al acontecer del tiempo no me dejó dormir, sentí lo mismo que en aquellos momentos, pero más exacerbado, quizá se disipaba, pero tuve la sensación de estar volando. Fue quizá la última noche que hicimos el amor. Querida, es la segunda. Quizá la tercera, no lo se, pero son las veces que estoy tratando de terminar esta carta: de disfrazar mi despedida con algún antifaz de alegría, con alguna sintomatología que renueve aquella idílica esperanza. Lo siento, no se me ocurre nada más acorde para el caso, que pensar en una cena que se pretende íntima y donde las velas no se han encendido, en un tigre que bosteza su aburrimiento en espera del fracasado regreso de su tigresa o quizá en el propio suscriptor de esta misiva que en unos momentos cerrará la puerta tras de sí, formando un eco de palabras que resonarán largamente en el ambiente, dejando tan vacía la esperanza como armarios imaginarios que nunca fueron compartidos: No me esperes, me voy al trópico.

Julián

RETRATO AUTOBIOGRÁFICO

Cuando me preguntan:
- ¿De dónde eres?
Nombro el lugar donde resido, en este caso actualmente soy de Menorca, cosa que sin duda puede cambiar (cambiará) posiblemente. Quizá porque en realidad no soy de ninguna parte o quizá por que entiendo pertenecer realmente al lugar mismo donde tengo una vida en ese momento, una de mis vidas.

Claro que no puedo soslayar mi pertenenecia de alguna manera a mis orígenes, como todos, tengo raíces y mi estilo está sobradamente influido de aquello que fui en mi infancia y juventud.

Nací en Buenos Aires. América es hetereogenea aunque se la pinte toda igual desde este lado de occidente. Todos los países del continente americano se destacan por su colorido, por su movimiento corporal, por una especie de locura festiva, por aquella mujer representada por una canasta florida sobre su cabeza. No es el caso de Argentina, en el Río de la Plata, se pierde el color, se es más gris, con menos colorido. Lo propio del lugar es la obsesión, hay una creencia que los problemas se arreglan en el bar de la esquina. La literatura es una literatura psicologista, hay como dije una obsesión, y quizá el intelecto supere a la acción misma.

La sociedad de mis orígenes brinda una motivación central para la escritura: La melancolía. En ciertas sociedades es algo implícito, es una tristeza llena de vitalidad y energía, algo vivo. A través de la melancolía se logra poseer y trasvasar esa realidad representada, todo eso se convierte en arte, el arte de la escritura, de la comunicación.

No puedo negar mi correspondencia con Roberto Arlt, con Cortazar, Borges, Marechal y hasta con el mismo Horacio Quiroga, casi un ermitaño que vivía en mitad de una selva y que fue el precursor del cuento en argentina con sus: “Cuentos de la selva.”


Hijo de un empresario industrial, profesión esta que a su vez había sido heredada de su padre, un inmigrante italiano del 1900, me movía en un país que crecía voluminosamente a un ritmo diferenciado respecto a otras sociedades, aún las más lejanas, las de otros continentes. Claro que en Argentina todo es y no es, hoy es la euforia y mañana la depresión, quizá esto sea una parte de esa melancolía, de ese tango, de esa inmigración que iba a América para “hacer la América” y volver, pero luego de fabricar una vida, ya no podía, no se podía volver. Así lo pintó en muchas de sus letras Enrique Santos Discépolo (Discepolín). Y quizá, con un sentido filosófico, estas apariencias discontínuas tengan que ver con algo significante literariamente. En Argentina casi no existen novelistas, es el cuento el verdadero artífice, el género más acabado, los cuentistas son los más destacados, los novelistas poco abundan o se los desconocen, allí tenemos a Juan Filloy, un caso testigo, con once novelas publicadas y para muchos, un desconocido.
Existe una paradoja, la constancia en la historia de la vida de la sociedad argentina, es la inconstancia, si observamos esa falta de continuidad en todo el estamento, político, religioso, social, podemos ver por ejemplo, la cantidad de golpes militares en la corta historia del país, casi ningún presidente terminaba su mandato legal.

Cuando me refiero a lo literario en comparación con lo expuesto y hago precisión en un factor intrínseco del ser argentino, comparo la falta de continuidad asimilada a la novela. El cuento sería, lo es supongo, más apropiado, es una estructura cerrada que comienza y termina, luego podemos comenzar con otro, distinto, otra cosa nueva, otra locura, otro golpe de estado a nuestros pensamientos.

El año de mi nacimiento se había iniciado el declive de un gobierno (el peronista) que hizo mucho por el crecimiento social. Gobernó por momentos en forma equilibrada y brillante, pero como contraste y para no ser menos argentino de lo que simbolizaba serlo, fue un ejemplo de todo lo contrario, gobernó mal, se excedió en muchas cosas y vio enemigos donde no los había, solo había personas de distintos pensamientos a los instalados. Hoy es común la convivencia, en otros tiempos, en los míos, no lo era.

Mis estudios comenzaron en un colegio inglés, allí hice la primaria, en una escuela medio pupilo. Intenté comenzar mis estudios secundarios (influenciado por mi amigo Maurice) en un instituto industrial especializado en química, pero duró poco la influencia, la realidad fue contundente y luego de algunos desaciertos pasé a un bachillerato menos complicado, menos empírico, más humanista. Todo terminó con el intento de ingresar a la universidad para estudiar derecho. Hice el curso de ingreso en la UCA (Universidad Católica Argentina) me examiné, terminando como uno de los puntajes más altos: 8,75/10, nunca más pisé una universidad, solo llegué hasta el ingreso, mi primer escalón fue eso, el primero y el último.

Trabajé como empleado vendiendo libros, zapatos y otros menesteres, algunos necesarios, otros no tanto. Años más tarde me desempeñé en una asociación mutual privada que tenía que ver con la salud, hasta que comencé a hacerlo en la industria de mi padre por largo tiempo. Luego intenté desarrollar otra actividad aledaña a la industrial, pero por razones obvias de cambios en los manejos políticos, ser industrial comenzó a ser como la revolución: “Un sueño eterno”. Decidí que mi lugar no era más Buenos Aires, que me agobiaban los ruidos y la gente y me fui acercando al océano atlántico. Mi profesión era para ese entonces, asesor inmobiliario, abracé esto con pasión, me matriculé, asistí a cursos, congresos, jornadas especializadas mientras hacía lo mismo en mis ratos de ocio con la literatura, concurría a talleres literarios, investigaba, escribía, leía como un loco. En Mar Del Plata, era director de una agencia inmobiliaria, lo fui por mucho tiempo, hasta que llegaron épocas de cambio. Los cambios también removían lo sentimental. Soy divorciado de un matrimonio fallido de corta duración, me había casado jóven con una madrileña en Buenos Aires, tuvo poca importancia en mi vida pero sirvió para darme la titulación:”divorciado”. Luego ya en otro tiempo conocí a la madre de mis dos hermosas hijas de la que estoy actualmente separado.


Cuando todo comenzó a dejar de ser lo que era, vamos, a producirse otro cambio en el país, el contraste me llevó a pensar en unas palabras de mi padre que me había invitado en un momento especial (de cambio por supuesto) a morir (vivir) en Europa, invitación a la que hube declinado con una vital convicción. Convicción que cambió radicalmente (para no ser menos con mi identidad) y que me llevó directamente a una agencia de viajes, invirtiendo la polaridad con mis abuelos (paternos y maternos) yo venía a: “Hacer la Europa”.
En esos momentos recordé que mis abuelos maternos eran gallegos, gallegos de Galicia (vale decirlo porque en Argentina se dice que todos los españoles son gallegos, cuando obviamente es lo inverso)
Me instalé en una isla de difícil integración, donde resido actualmente, en otro mar, bello mar Mediterráneo, en otro mundo más pasivo, donde los Aires a veces no son tan Buenos por culpa de la Tramontana.

Aquí estoy frente a una cala, en un lugar llamado Binibeca, donde resalta el verde azulado del mar y las casas uniformemente blancas. Aquí esperando por otra vida, por el cambio.