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Momentos literarios

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El hombre culto

 
Borges rebozaba memoria, impostaba literatura y perfección en sus frases a las que dedicaba ese tiempo donde uno las da vuelta para cambiar su significado. Sus citas eran infalibles y sus temas amplios por la exhaustividad al tratarlos. Sus palabras perdían grandilocuencia, ganaban en significado, limitaba sus frases haciendo que, aunque parezca contradictorio, estas abarquen más.
 
La metáfora fue su gran herramienta para ganar extensión.
Borges capturó la vida a través de los símbolos, el espejo, el tigre, la piedra, la moneda, el laberinto, mostraban su poder metafórico de explicar la realidad.
 
“Toda las rosas están en la palabra rosa, todos los mares en la palabra mar”.
El sueño, del que hizo su gran matriz, como cuando afirma del hombre que sueña otros hombres:
“Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra. Afirmar lo contrario es mera estadística, pura añadidura”.
 
Lo fantástico le viene dado por un accidente casero, una caída que lo lleva al insomnio y escribe sobre seres imaginarios y sobre aquella ave chestertiana que construye su nido al revés y vuela para atrás, porque no le importa a dónde va, sino dónde ha estado.
 
La memoria
 
En un connato sobre sí mismo crea Funes el memorioso, mostrando que la memoria es recuerdo pero también deviene del tiempo. En Funes, ese prodigio de la memoria, extiende la red metafórica del insomnio, tan suyo, tan personal como esa misma memoria que le impregna a su personaje.

Borges, hombre tan prodigioso como su Funes. Me parece escucharlo recitando poemas, a veces hasta en alemán, con fechas, autores, confirmaciones literarias. Borges, el hombre culto, el memorioso.

MI PRIMER LIBRO

¿De dónde vienen los encantos? ¿De dónde tanta ilusa perfección? Ingesta de palabras de domingo, en noches silenciosas de tenues luces dirigidas.

Siempre hay un primer contagio de camino a la enfermedad, ese coleóptero que te pica y no te deja descansar hasta que te apliques, hasta que tomes seriamente el juego, ese juego de anudar palabras que referencien hechos que convierten en historias.
Mi primer contacto en letra pura fue documental, novelado pero lejos de la ficción que purifica mis días y ayuda a resolver mejor la realidad.
Juvenilia es un relato en primera persona de andanzas juveniles en el afamado Colegio Nacional Buenos Aires, enclavado en lo que se dio en llamar la manzana de las luces, salieron de sus aulas personajes que tuvieron que ver con la cultura y con el poder. Aquellas andanzas contadas en un desarrollo lineal muestran un contrapunto desde su adolescencia a su madurez apareciendo como en todo lugar emblemático las cuestiones de un mundo extramuro que se reinventaba en aquel interior reconocido como el primer colegio de avanzada de América Latina construido sobre el antiguo seminario de los jesuitas.
Juvenilia fue ese libro, querido libro de la infancia colegial, cuyo autor Miguel Cané fue un déspota ameno, debo decir, porque no siempre se comulga con las ideas de los autores, pero se los debe juzgar por su arte, lo demás es personal.
Interno en el viejo colegio Nacional Buenos Aires, Cané diseñó sus andanzas y sus pecados de juventud. Lograba escaparse en la noche gracias a un compañero que gozaba con la peculiaridad de ser el único que contaba con la llave de puerta de entrada, llave esta que no se prestaba ni se alquilaba, siempre dormía en el bolsillo del compañero Benito Neto que imponía como condición participar en la travesura nocturna.

Cané en su relación de amor y odio con la disciplina, llegó a ser expulsado, volviendo a ser aceptado para terminar como docente de la institución y convertirse en diplomático de países limítrofes.
Para mi esas historias contadas en un castellano plagado de galicismos, un verdadero manifiesto de picardía y atrevimiento, tuvieron la categoría de aventura. Luego fue la constancia la que hizo que mi mirada recorriera otras, Platero y yo de Juan Ramón Jiménez, Libros de la Selva de Horacio Quiroga, Corazón de Edmundo De Amicis, Mi planta de naranja lima de Vasconcelos, Las mil y una noches.
La contribución siguió por los andariveles de la técnica que se aprende con detalle para olvidarla sigilosamente y ejercerla como autómata, así aparece lo capcioso, las teorías, lo bello que esconde el contenido, Hemingway, Borges, Joyce, Gogol, Herman Hesse, Cortázar, Baudelaire, Whitman....Todos generaron en mi esa escritura que hoy procede y lo hace por esa conduccíon que acelera la mano y que es hija de todos esos autores.
Juvenilia fue el primero, el del despertar de ilusiones, nada concretas, pero dueñas de una ensoñación que hoy me sigue guiando por ese juego lúdico que logra disolvernos y convertirnos en palabras.
FRASES CORTAS
La esencia del instante es la fugacidad, busco aquellos que por sublimes, quisiera eternizar.

Julián Busto Vallés

Encuentros
Porque, sin buscarte te ando encontrando por todos lados, principalmente cuando cierro los ojos.

Julio Cortázar

DANIEL BOGGIO
- estirpe de escritor -
Han pasado los años, compartiste tu bohemia y tu escritura, te repartiste en miles y yo soy uno de ellos. Te recuerdo hoy, en tus manifestaciones literarias, cuando explicabas la filosofía incrustada en las letras, aquel iceberg heminwayniano, aquella historia A, descubriendo que la verdadera historia era la B. Compartimos tertulias, cuentos, algún sueño futbolero de la Academia de otros tiempos y la militancia peronista.
Recuerdo la primera vez. La cita era a las 20horas, nunca llegabas a tiempo, luego lo supe, entraste a aquella vieja aula de la Biblitoteca de las Naciones Unidas. Coleta, zuecos, una mirada hacia todos los que eramos sorprendidos con tu presencia. Te sentaste cual Buda sobre el escritorio frente a la clase, encendiste un cigarrillo y vomitaste literatura. El atractivo del momento fue sublime, desgranaste a Borges, a Cortázar, a Spinoza. Cada clase era un Olimpo de dioses literarios, filosóficos, una verdadera comprensión de lo que la literatura encierra.
El chico del suburbio marplatense nos dejó hace ya 4 años, tus libros: Tierra dividida, La vaca dedicada a la fellatio. Es verdad que escribiste bastante poco, también es verdad que en tus clases se fumaba y se bebía whisky, pero debo decir que cuando dejé aquellos talleres porque ya no estaba en Mar Del Plata, busqué otros en forma de compensación de aquellas enormes horas literarias que comenzaban con el anochecer y terminaban nunca se sabía donde y como. Ningún taller literario fue eso para mí, todo lo demás después de Daniel fueron conceptos sin tino, sin esa despiadada disección que hacía sobre la literatura.
Una vez me dijo, respecto a mi imposibilidad de escribir por falta de tiempo, por mi trabajo. "No se puede obviar el hecho de escribir, el que quiere escribir: escribe, Alfred Hichtckok solía decir: "Los pretextos no se filman".
Daniel suscribía un personaje de cuento literario, su misma vida lo era, era un cuento en sí misma. Me sentí muy tocado al saber que ya no estaba, que dejó a muchos sin esa enfermedad literaria que siempre contagiaba. No dejo ni dejaré de escribir nunca, no importa que no se me lea, pero así como decíamos que escribir es definir un estilo, también digo que soy parte de lo que he leído y parte de mi forja te la debo a ti, yo también soy Boggio.
Volveteloco
TODO ES VERDE – Las opiniones son como las narices: todo el mundo tiene una -
El pensamiento rígido de las personas y su facilidad al simplificar contextualmente lo que no se profundiza, no deja margen para ver más allá de la superficie de las cosas. Los temas así tratados tienen la defectuosa perspectiva de no poder ser discutidos con la amplitud necesaria para poder ver en ellos los errores de un lado, pero también los de lo que se le opone. Dicho así, las discusiones con este nivel donde uno dice: he visto tres puntitos verdes, por lo tanto todo es verde, nos plantea la imposibilidad de equilibrar ya que tres puntos no pueden determinar un todo, sino tan solo esos mismos puntos. Sí decimos 3 son verdes y lo vemos, pero lo demás podemos discutirlo, pues ya puede haber un principio de desacuerdo discutible pero no un alegato de tal manera que si todo es verde, aunque no sea así, debamos aceptar lo que dice apenas una parte.

 

Ceder y aceptar ciertas revelaciones que pueden hacer cambiar nuestro pensamiento luego de repensar nuestra postura es verdaderamente admirable, al menos en este contexto, pero debería ser normal que nos convencieran de vez en cuando de nuestros desaciertos, ya sabemos que nadie tiene la verdad de su lado, la subjetividad manda y las verdades para uno no lo son para otros, de tal manera que uno puede hablar no de la verdad sino de su verdad y esa si que es objetiva desde el punto de vista personal aunque no sirva para un uso universal de la misma.

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La discusión siempre goza de la licitud de un enriquecimiento que valora nuestras aptitudes y muchas veces logra que seamos más humildes y sepamos escuchar a quien piensa ya no digamos distinto parecido, sino esa diferencia que impone el pensar en forma totalmente opuesta a la nuestra.
Debemos siempre intentar desarrollar los temas aceptando la propuesta connotativa de los mismos,
no hay una sola acepción de las cosas porque depende de la perspectiva, no hay una opinión válida y otra no, hay opiniones y eso basta para poder desmenuzar en tono cordial y asumir las diferencias.
Hay quizá un punto de no retorno en la postura y es muy posible que no baste con un momento concreto de cambio de opiniones sino que se considere hacerlo en distintos momentos y alargando la discusión sin caer en el cansancio. Claro que el punto de no retorno significa que nuestro ego cierra la puerta a la que también pertenecen nuestros oídos, a la postura diferente a la nuestra. Sin embargo a quienes nos sucede a menudo, derivamos, no siempre, pero algunas veces en la duda acerca de nuestra creencia, eso nos hace que el tema tenga un amplio desarrollo y ayuda al intelecto para pulirlo, para mejorar nuestra forma de pensar y ver mejor la realidad. Con esto se puede pensar que un método de convencimiento es la insistencia, puede que para algunos casos, para algunas personalidades sí lo sea, pero aquel que no se limita a sí mismo, en su interior deja que ingrese lo opuesto, lo contrasta y puede que siga pensando igual, que cambie diametralmente o que abone su creencia inicial habiendo de este modo blindado de rotundidad a su propuesta.
Veo tres puntos verdes, pero nada es verde. Tampoco tiene sentido la postura, podría uno decir veo tres puntos verdes, puede que todo sea verde o una parte lo sea o quizá nada sea verde salvo los tres puntos, claro que en este caso el quizá cambia el tono de aseveración de la frase.
N de la R: Dedicado a un catalán con linaje, a mi amigo Fafa.
DESPEDIDA
Se fue: Una vida que se va en minutos y que ha costado la vida. Un suspiro, una sonrisa, el alma puesta en instantes. Todo se lo lleva la inmensa atonía que se sucede, comienza a convertirse en un recuerdo que se nubla,se evade de la realidad: ya no se sabe si fue vivido, si volverá a vivirse. 
Aunque todo es: todo fue. Una expresión sin palabras se repite en la mente: una cara. Comienza una asistencia continua a la soledad. Una esperanza, un haz de luz, la mirada… luego el llanto; ha valido la pena pero corroe.
Nos deja: se ha ido, pero vuelve hecho recuerdo. Vuelve, siempre vuelve.
A VECES ME PARECE
Me parece que entrarás por la puerta para decirme que no hubo un tiempo interrumpido, que la vida es esto que estamos viviendo y que los tomates están frescos fuera de la nevera y habría que cortarlos para el almuerzo.
A veces te escucho entre esta tiniebla de mi soledad, te dibujas en palabras, me das el aliento para salir de madrugada, para cocer las redes de mi esperanza, dar sentido a las horas de este transcurso que nos lleva por entre las sombras del desacierto, con destino a la luz que plantean tus
faldas.
A veces; a veces doblo mis dedos para recordarte en las mañanas, tu nuca, tu espalda, la veracidad de tu presencia en el color de las sábanas.
El amor descansa de la noche mágica, complemento de sudores, remanso de olores, rumor de agitación. Todo te recuerda, vienes a veces, vienes ahora, pero vienes, lo haces siempre, como acostumbrada al movimiento de las aguas, al vaivén de la barca, al sueño de lo soñado, a la tempestad del desacuerdo, a la infinita calma de aquellas comparecencias.
Ya ves, puedo hablar de ti sin nombrarte, imaginarte en la sugerencia, creerte a mi lado y no en ésta injusticia impar, disparidad de solo uno, cuando tan bien nos iba el dos.

EL COLOR DEL AMOR

Eladia lo miró a los ojos tiernamente, ya sabían los dos de lo que hablaban sus miradas, siempre desde el primer momento habían dado por sentado que estaban hechos en el mismo molde.
- ¿Sabes lo que pasará, no?
Samuel devolvió aquella mirada tierna acompañada con una tenue sonrisa.
-¡Pues no! no se lo que pasará, dímelo tu.
- Que voy a morir, debes estar preparado.
- Es una marcada tendencia en los hospitales que haya gente que muera, pero las hay que salen de aquí por su propio pié. Son momentos difíciles, pero no estás sola, y no me abandonarás, mi sino es que sigas haciéndome llegar tarde a las reuniones mientras dilatas el tiempo frente al espejo.
- No exageres, no es algo que ocurre cada vez.
- Ocurre.
- ¿Cómo me vez hoy? ¿Estoy muy demacrada quizá?
- Si te digo que eres la más bella del hospital,¿me lo creerías?
- No.
- Crees en que te vas a morir, pero no crees en lo que te digo y que no es más que lo que siempre he visto con mis ojos, con estos que me han dicho que eres la mujer más bella en cualquier lugar donde estés.
- Eres un adulador.
- Quizá, pero adularte me llega de ti, quiero decir que siempre ha sido sensorial, que tu haces que yo sienta esa sensación, que me lo trasmites, que siempre ha sido así aún cuando no nos conocíamos y hablábamos de cosas simples.
-¿Luego todo se ha ido complicando no?
- Vivimos, es lo que pasa mientras uno cree que está haciendo otra cosa, pero no se hace más que vivir.
- ¿Qué es lo que recuerdas con más intensidad?
Samuel se acercó un poco más al costado de la cama de aquella habitación asceptica, cogió la delgada mano de Eladia sonrió y dijo:
- Me vienen imágenes de momentos todos felices, la vida contigo es redundante en placer, mis actos, aún los individuales, no son míos únicamente, sino nuestros. Pero te contaré un secreto, bueno no es secreto lo ocurrido, sino lo que pasó en mí en tres momentos de nuestra vida.
- Me ilusiona que me cuentes, ¿tendremos tiempo?
- Si, la enfermera me avisará con antelación cuando te preparen.
-¡Todo ha pasado tan rápido!
- La vida es fugacidad, por eso cuando estamos en esos momentos de comunión, en instantes como estos, debemos dilatarlos, tomarlos a consciencia, con todo el cuerpo. ¿recuerdas el ejercicio de concentración?
- ¿El de la mano?
- Si, concentrarse en una parte del cuerpo para sentirla profundamente. Sentir que estás vivo, como circula la sangre por tu cuerpo. Así debemos hacer con los momentos como este, para escapar de esa fugacidad, esa rapidez que nos plantea la vida cuando transcurre el instante.
- Estoy con los ojos cerrados y esperando que cuentes.
- El primero de mis recuerdos, no me merece mayores comentarios, como comprenderás fue aquella noche del primer encuentro, del primer abrazo y del suave beso. Fue el comienzo de una antesala de diálogos que tuvimos por teléfono o por esa moderna forma de comunicarse que hay ahora y que nos da la probabilidad de ver nuestros gestos. Te dije no mucho antes de vernos: "Si fuera profeta, si entendiera de misterios y de cualquier conocimiento, si estuviera en mí la fe para mover las montañas, pero no tuviera amor, nada sería. Si mis precarios bienes donara a gente más pobre que yo, si mi cuerpo entregara para ser quemado, pero aun no tengo amor, nada de él se aprovecharía. El amor es paciente, bondadoso y sin jactancia, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido, lo sufre y lo espera todo, todo lo cree y lo soporta. Hay dos cosas que nutrirán nuestras vidas: Esperanza y amor. Son dos cosas que van juntas, basta que una falle para que la otra la sostenga."
La segunda fue nuestro primer contacto físico, nuestro acercamiento y nuestra desnudez engendrando timideces, convirtiendo todo el ambiente en algo primoroso, cálido; un mundo tan nuestro que nos aislaba de todo lo demás, un mundo marcado por aquella esperanza de mis anteriores palabras. Un mundo de tu y yo, de quimeras, de no saber que piensa, que siente el otro, mientras uno siente y piensa profundamente. También la continuación de aquel primer contacto, porque lo seguido fue más y mejor, porque el vino no derramado en un momento de excitación mientras sostenías la copa, iba a darme la perspectiva de un loco amor, loco pero equilibrado, tanto como ese vino sin derramar. Jamás olvidaré ninguno de estos instantes, tampoco serán ajenos a mi todos los que me han hecho feliz a tu lado, y que son todos, hasta los malos, los aparentemente injustos, los inmerecidos, porque ni yo ni tu merecimos estar separados a partir del mismísimo día en que la casualidad y seguidamente la causalidad dio que nos conociéramos.
Mientras ella apretaba la mano de Samuel, una lágrima le recorría la mejilla buscando el vértice lejano de la comisura de su boca. Él secaba con su dedo aquel imperceptible y cristalino hilo de sentimiento.
- Y por fin, la tercera...
Eladia abrió grande sus ojos, sonrió y dijo:
-¿ Ya lo sé?
- ¿Qué es lo que sabes? ¡Qué costumbre de adivinar lo que voy a decir basándote en lo que harías tu si fueras yo, en este caso: ¡pensarías tu si fueras yo mismo!
- Es que tu a veces eres yo y yo a veces tu, siempre dices eso.
-¡Eso lo dices ahora con el fin de que ocupe tu lugar y sea yo el que me opere y no tu! De buena gana lo haría, de buena gana ocuparía tu lugar para que no sufras ni física ni mentalmente, pero debes saber, entender que lo que pase ahi dentro -señalaba con la mano derecha una lejanía y con la izquierda su pecho - ocurrirá aquí dentro.
- También lo sé, soy tu continuación, y tu la mía, me duele lo que te duele, te duele lo que me duele.
- ¿Me dejarás que te cuente mi tercer inolvidable experiencia contigo?
- ¡Mientras no sea sobre sexo!
- ¿Sexo?
-¡Si! ahora no puedo estoy convaleciente y no repararás (como siempre) en actitudes y dichos para hacer que te desee.
Rieron en voz baja por unos minutos, hasta que Samuel frunció el seño diciendo:
-¡Bueno basta! ¿Digo o no digo lo que vine a decir?
- ¿A eso has venido?
- ¡Si!He venido a contarte lo mucho que amo y he amado contigo.
- Cierro mis ojos.
- ¡Y tu boca por favor! ¿Recuerdas el día que me dijiste que Adela se iba de casa a vivir a Madrid?
- Si claro.
- Pues ese día no fue, pero fue el inicio. Cuando decidimos buscar una casa con jardincito y...encontramos ese apareado que estaba derruido...
- ¡Lo sabía! ¡lo sabía! sé lo que vas a decir
- No lo sabes.
- ¡A que sí!
- No.
- Lo de la pintura.
- No se puede contigo.
- Igual cuéntamelo, volveré a cerrar mis ojos y mi boca claro.
- Bien, mientras tu mirabas los cuartos y la cocina yo me quedé ensimismado mirando la pared de aquel comedor nuestro, ese que nos daría escenario a futuras escenas a veces (muy pocas) cotidianas.
- Nada de sexo dijimos.
- No, no hablaré de sexo, hablaré de...
La puerta se abrió y un aire hospitalario inundó aquella habitación, una delgada, sonriente y demacrada enfermera entraba con una bandeja y en ella una píldora, un artefacto de medir la tensión y un vaso de agua.
- ¿Comó estás mi reina?
- Ya lo ve aquí con mi rey.
- Si lo veo. Este rey se tendrá que marchar en cuarenta minutos tenemos programada la cirugía.
La enfermera terminó su tarea y la habitación volvió a quedar sumida en el silencio. Solo se miraban, Samuel tenía la mano de Eladia entre las suyas, fue un momento de amor, otro más. Al cabo de unos minutos ella dijo:
- ¿Me seguirás contando?
- No hay tiempo.
- Estás preocupado ¿no?
- En absoluto, me conozco y se que saldré airoso de esto.
- Yo soy la que tengo que salir airosa.
- ¿En que quedamos tu no eres yo?
- Bobo
- Han llegado tus hijos, te dejaré sola con ellos un minuto.
Eladia y sus hijos estuvieron hablando hasta que la enfermera llegó nuevamente con el pijama para la operación.
Adela besó a su madre con fuerza inusitada y Jorge, su hermano la tomó en su brazos y le dijo cuanto la quería. Luego esperaron afuera, cuando salió la camilla los tres,dos de un lado y uno del otro tomaban sus manos y la acompañaban por el largo pasillo hacia el ascensor. Samuel la besó en la frente, sus hijos en sus manos. El ascensor se cerró como quién cierra un libro, como aquel libro que Samuel se había puesto a escribir sabiendo que Eladia estaba enferma.
- No le dije que la quería
Adela lo miró, puso su mano sobre su hombro y dijo:
- Lo sabe, mamá sabe cuanto la quieres.
- No importa cuanto sepa, todos estos años se lo he dicho cada día, cada día le he dicho dos cosas: lo bella que es y cuanto la quiero, aunque lo sepa, debe, siento que debe escucharlo siempre.
Los tres sentados en la sala de espera, esa espera interminable que lleva a uno a un eden donde cosas como las que están sucediendo, no son posibles, todo allí es una nube poblada de recuerdos, imágenes instantáneas de una vida que parece lejana.
Samuel se concentró en la pared del comedor, recordó que cuando Eladia se había ido a Madrid, él para darle una sorpresa, había pintado la pared de color verde pistacchio con un color blanco. A su vez, cuando el se fue a ver a su editor, ella pensando que el blanco de la pared era un sellador sobre ese verde oscuro, pintó la pared de color pastel y no quedó allí, al volver Samuel y como aun no habitaban la casa, creyó que los pintores a quienes se les había encargado el trabajo en un principio, habían equivocado el color, volvió a pintar la pared de blanco y por supuesto hubo una última vez que fue cuando cedió a los encantos de ella, no sin reirse horas enteras por el suceso. Igual que ahora, en este momento en que ella estaba en la cocina y el en el estudio.
-¿De que te ríes? ¡Nome digas nada, estás escribiendo sobre lo de la pared!
- ¡Cómo para engañarte a ti!
- ¿Estás terminando?
- No, me falta un capítulo
- Y dime...¿Insistes con lo de Eladia?
- ¿Y Como quieres que te llame?
- Como me llamo en realidad al menos parecerá que le hablas a una flor.
- No, en la ficción eres Eladia y yo Samuel. Ah y no te dije que TE AMO.
- Me lo dices todos los días amor.
- Sí pero no te lo dije cuando se cerró el ascensor.
- ¿Qué?

EL OFICIO DE ESCRITOR

SOLEDAD
Todo comienza con la hoja en blanco, una catástofre se nos avecina, como llenar de tintados pensamientos tanta vacuedad, tanta blancura.
Hay sí paradojalmente una compañía: La soledad implícita y necesaria a la hora de crear.
Flaubert decía que no hay recuerdos que pueblen nuestra soledad, la hacen más profunda aún. Kafka interpretaba la soledad no como un estar aislado, sino como estar muerto, muerto en la necesidad de estar muerto.
El hecho de buscar la propia voz, el tormento de conectar con las profundidades de uno mismo, la agonía de establecer ese contacto hasta que uno lo logra, es algo que nos cuesta las horas, luego ya no se sabe que pasa en el mundo, en que día estamos, todo se vuelve conscientemente inconsciente.
A la hora de escribir, en innumerables oportunidades he pensado en la obsesión (la he sentido) en la carga que supone el silencio y el olvido, no me dejo distraer, son solo mis personajes que pueden conmigo, me atan a sus pensamientos y me llevan por su vida, como si yo ya no tuviera una.
Me siento embargado por ese romanticismo inundado de ansiedad, tristeza, nostalgia.
Melancolía
La sociedad a la que pertenezco brinda una motivación central para la escritura: La melancolía. En ciertas sociedades es algo implícito, es una tristeza llena de vitalidad y energía, algo vivo. A través de la melancolía se logra poseer y trasvasar esa realidad representada, todo eso se convierte en arte, el arte de la escritura, de la comunicación.
Tenemos una sola vida, pero en esa vida hay muchas vidas, muchas sin sentido. La melancolía quizá en forma generalizada puede que sea, esa falta de sentido de esas vidas, o la conclusión en la muerte, nos debemos explicar a nosotros mismos que en algún momento moriremos, nacer para morir ¿ Cuál es el sentido de esto? Ansiedad, tristeza, nostalgia.
BAGAJE DE RECUERDOS

Me dirigí al cuartito del fondo y encontré unos tornillos en la cajita de los recuerdos. Superé la primer instancia que me reservaba esa falta de memoria que a veces despista. Luego de un rato con ellos en la mano, me di cuenta que el óxido me indicaba esa cronología que el tiempo había dado a mis grisáceos cabellos. Recordé entonces aquel arcón en la esquina de mi juventud, en aquella convexa unión que angulaban los días de mis años noveles.

El meccano: Un juego latoso que con disímles componentes nos dejaba crear distintas formas. Uniones, tornillos, tuercas, todo para el ensamble, todo para la creación. Cerré la mano con los tornillos dentro, lo mismo hice con mis ojos y me vi armando una figura con el mecano. Cuando los abrí, entendí que había creado una vida, igual que cuando niño, ensamblando, atornillando instantes, dándome esa licencia de poder vivir el sueño de ser feliz.

Literatura como arte individual

El discurso literario obliga a la comunicación: es la comunicación, se adentra en la realidad en una forma de expresión que llevada de la mano de la lingüística y convertida ésta, no solo en lenguaje, sino en metáfora, recreando así una realidad por medio de símbolos e imágenes en una búsqueda simple de encontrar receptores, y en esto, la metáfora y sus aliados recursos nos ayudan y colaboran con el lenguaje cuando este llega a su limitación. La transgresión en esta vía linguística, en el arte literario es un punto principal y se convierte en producción artística captada por el lector que aboga por su comprensión.
La organización en la fase lingüística, donde el autor crea su propia perspectiva, sin perder su contexto social al cuál se vincula, es explicado a partir de una sinopsis autónoma, propia del que parten de sus propios recursos. Toda interpretación externa del propio estilo de hacer literatura, tiene distintas vertientes: psicológico, estético, ideológico, sociológico, ético e histórico.
En esto, la palabra es el eje de todo este arte, siendo esta medio de la expresión que comunica y a su vez, la literatura parte de la cultura y manifestándose esta en un nivel determinado que obra como desarrollo de un tipo de sociedad. El hombre tiene una inminente posibilidad de alcanzar sus potencialidades creativas mediante este arte integrándose desde su propia individualidad y plasmando un tiempo determinado que marca la sensibilidad de su época, del momento en que le ha tocado vivir.

TEORÍA LITERARIA

Si nos preguntáramos que es la literatura, o que abarca, muchos nos dirían que todo lo que se imprime en letras, lo que contiene frases o palabras secundadas por una idea, otros dirían que esto o aquello es y no es literatura en una forma de clasificación basada en la subjetividad de la belleza. Cierto es que hecho o ficción pertenecen a la literatura, no es una división que nos pueda adelantar que es lo uno o lo otro, las dos son caras de una misma moneda literaria por decirlo así.
Si lo vemos bajo el aspecto de una forma de escritura, de valorar un lenguaje poco común para algunos y bastante para otros dedicados a la materia, un lenguaje que no se percibe en aquel ordinario, algo más cercano a lo poético, o bien a una prosa acabada, detallista, alejándose de la forma en que se habla en la vida diaria. Digamos a modo de ejemplo que si voy por la calle y escucho: “las miradas se confunden en las sombras perdidas de la noche”, de inmediato sabré que estoy en presencia de algo literario, advierto eso por la textura de las palabras, porque el empleo de las mismas me regala esas tinieblas de esto metafórico que acabo de decir, porque no hay una proporción entre significante y significado. Porque el lenguaje luce, se desprende de lo común coloquial, porque nos da una perspectiva diferente a la de escuchar por ejemplo:“todo ha aumentado de precio, además este mes me llega el seguro del coche“. Claro que esto viene ceñido a un pensamiento formal, pero literatura es forma, pero también contenido, importando tanto uno como lo otro. Claro que la literatura fue pasando por varios procesos, signados muchos de ellos por aquellos que recortaban la forma de hacerla, así podemos diferenciar por ejemplo una literatura bajo el dominio zarista y una Rusia comunista, hasta los primeros citados la cuestión de la discusión se movía en lo formal, lo que vino después fue un mero pretexto para diseñar la literatura en pos de convertirla en vehículo ideológico, común a los regímenes dictatoriales tanto de un lado como de otro. Lo formal se me supone a mí como algo que raya en lo superficial, si la materia abordada se compone de ese único componente, sin embargo si le agregamos adentrarnos en el contenido, ya supone que la mezcla es más compleja y ayuda a dar sentido a nuestras palabras, es decir, no nos quedamos con lo supuestamente bello de las mismas, si no que se añade el sobrepeso del sentido de las mismas, claro que en esto, al ir más allá entramos en terrenos que determinan un camino inequívoco hacia lo psicológico o sociológico. El texto trasunta una compleja realidad social, incluye los sentimientos y ya no se mira la obra solo en sus palabras, una obra que mira lo que le pasa a las personas, como viven, como merecen vivir y agota la transparencia de sus miserias, las muestra en los claros ejemplos que denotan las vidas de sus personajes, lo que estos sienten y por ende lo que hacen sentir, ¿Quién no ha sentido el frío de San Petersburgo junto a Akaki Akakievich en el El Gabán de Gogol, ¿Quién no siente como propia la miserable, repetitiva y solitaria vida del funcionario Don José de Saramago en Todos los nombres?
El contenido no solo es la motivación, es, si se quiere, el eje del relato, el eje por donde circulan las palabras para decirlo en una forma literaria. Tampoco debemos analizar la obra como un mero conjunto de recursos por más literarios que se los tilde, es importante la sintáxis, las técnicas narrativas, la métrica en el caso de la poesía, pero no es lo único, ni siquiera lo determinante, más lo sería, más lo es y eso lo puede reafirmar cualquier lector, lo que nos quiere decir un autor de una obra literaria.
Cuando hablamos de lenguaje ordinario, sabemos de que hablamos, pero esto cae en lo heterogéneo que nos plantean por ejemplo las distintas clases sociales o colectivos donde se hable, no es lo mismo o normal un lenguaje de un religioso, de un barrio bajo o de algún conjunto de estudiantes de filosofía, no es tan simple, es más complejo de lo que parece, no podemos encorsetar en lenguaje ordinario a todos los que de alguna manera existen en circuitos cerrados contenidos por aprendizaje o forma de vida.
Es verdad que en reiteradas oportunidades la discusión se instala en que algo es literario o no lo es. Es fácil hablar de otro siglo y creer que en un siglo romántico como el XVIII todo era poético, pero como no hemos vivido la circunstancia, desconocemos el contexto de la época, por tanto es difícil evaluar el sentido de las palabras para clasificarlas de algún modo metafórico, sin embargo, sí podemos pensar que en un mundo menos dependiente de lo económico, es decir donde sus dioses eran otros tales como las artes, si podemos sospechar un grado más sutil o etéreo si se lo quiere llamar de las frases consignadas a la literatura. Ahora bien, si pensamos en que literatura es escribir de una forma plagada de belleza únicamente, ¿Qué queda para aquello que se escribe fuera de esa visual característica? ¿Qué queda para personas como Bukovsky que lo ha hecho desde su lugar en la sociedad, con lo residual del lenguaje? ¿Es que eso no es también literatura? O quizá también enfrentado a lo poético, aquel que escribe sin exhibir ampulosidad, con un lenguaje sencillo, aunque sobrio y descriptivo, ¿No merece considerarse literario?
Para algunos, todo escrito es susceptible de categorizar como literario, la revista Superman por ejemplo o aquellos fascículos de Readers Digest con el que nos bombardearon en alguna época pasada. Lo importante en todo caso es que haya discusión, que podamos elevar nuestro pensamiento y que tanto los que piensan de una u otra forma, puedan debatir que es, en que mundo se encuentra sumida, que contenidos la componen, quizá todos tengan razón a su manera y literatura sea lo que ve cada cual a su estilo, desde su propia perspectiva.
A pesar de todo lo dicho, puede verse como una excentricidad o algo identificado con lo superintelectual el hecho de expresarse sobre una dicotomía sobre una supuesta teoría literaria. Claro si comparamos esto con las grandes discusiones en las que debiéramos los humanos estar compenetrados, si pensáramos que somos peores que cualquier otra especie animal que solo dedican la matanza prójima al sustento familiar, si tomáramos en consideración que hoy con un exiguo porcentaje de lo que se invierte en armamento, se terminaría con el hambre del Tercer Mundo, pues el presente estudio transita por los caminos de la banalidad. Sin embargo, la forma de saber que nos pasa, porque nos pasa y sin dejar de lado el juicio de la posteridad en un análisis hacia nuestra forma de relacionarnos y de ver la vida, esa comunicación, verbal, escrita, es inminentemente literaria, así de esa forma sabrán de nosotros, tanto, quizá mucho mas de lo que distintos testimonios nos dieron la oportunidad de saber, evaluar, otras sociedades de otros tiempos.
Literatura es entonces, en un modesto intento personal por definirla, un arte, discutible según perspectiva, pero un arte al fin, un arte que implícitamente comunica, donde es tan importante lo que se dice y el cómo se lo dice. Un contenido que relata una historia, la historia de la sociedad que involucra a todo ser que respira, un contenido que ayuda a conocernos profundamente y todo sin olvidarse del lenguaje, ese código enfundado en letras que nos maravilla según las vayamos acomodando, frases que dan imagen de actitudes, de gestos, de comportamientos que abrevan en la fuente de las ideas de quien las escribe. 
PLAZA MOLINA
Un viaje. Guía de metro: Un frondoso conjunto de líneas multicolor con pequeños desvíos oblicuos que rápidamente vuelven a su cauce rectilíneo, todos cruzados en algún punto de su verticalidad por un trazo comunicante donde predominan los cambios sistemáticos de destino, algunos consecuentes con los días y las horas repetidas y otros en cambio, esporádicos, con la simpleza de un solo acto espaciadamente secuencial afin a su destino pero sin la utilidad de esa prosecución diaria que determina nuestra vida en su periplo más rutinario
8,12 de un día cualquiera
Siempre subía en Lesseps, aligeraba el paso, y volvía a tomar el vagón y aclaraba su destino Paseo de Grácia
Habían pasado cuatro minutos. Tomado del barral cuya continuidad dibujaba perimetralmente un asiento, allí parado observaba el movimiento de la estación, el ir y venir presuroso de apuros convencionales. Comenzaba a declinar la velocidad y por la ventanilla se veia la espera, bolsos y portafolios cargados de rutinas, de horarios preconcebidos
Con el movimiento, con el avance despacioso comienzan a pasar las imágenes cada vez más raudamente hasta una desaparición total, hasta una oscuridad tunelesca, un húmedo olor a profundidades nos lleva en un desplazamiento que se sublima y se vuelve cadencioso en el llegar y salir de cada estación. No me había percatado en un principio, pero un movimiento curvilíneo con un pequeño tirón de derecha a izquierda del vagón me había hecho desplazar dos pasos en sentido de la máquina y mi panorama había cambiado.
Declinaba la velocidad, llegábamos a un punto de detención pero a medida que aparecían figuras más cercanas, me costaba verlas, todo era controvertidamente más lejano, confuso, solo el contorno de un perfil que por momentos se convertía en frente y volvía a ser perfil se recortaba sobre la ventanilla, captaba mi atención. Unos ojos confirmados con la veracidad desde los míos llevados desde el cristal hasta su humanidad toda, me daban la certeza de su imagen. Sus ojos no me miraban aunque los sabía risueños, una boca pequeña de dulces labios finos y delicados en el recorte de un afinado rostro que acusaba delgadez.
La miraba fijamente en su imagen cristalina, era mágica, no podía dejar de mirarla, de meterme en esa figura enigmática, en ese cristal dinámico, que me transfería los mas dulces pensamientos, los mas inquietantes sentimientos. Que me persuadía de imagenes futuras en el incomensurable paisaje de lo imaginable.
Hubiera querido romper aquel: mi silencio, contarle mis devaneos, regalarle por todas las estaciones de su vida: mis ojos, mis palabras.
¿Cómo pretextar un encuentro fortuito? ¿Cómo dejar de mirarla, de contemplar su indiferencia hacia mi, hacia mi presencia confundida entre tantas presencias?
Pero había llegado el fin de su trayecto, comenzó la culminación de nuestro encuentro, que era mío, tan propio y cercanamente mío como distante y desconocido era para ella: primera vez.
Sin percatarse siquiera de mi existencia, dejó su asiento, esquivó mi invisibilidad como si fuera un obstáculo, rodeó el pasamanos con sus delicados dedos para abastecer su equilibrio poniendo su mano muy cerca de la mía, muy cerca, dejándome el calor de su presencia que había nacido tenuemente en aquel, ahora lejano cristal
Observé con detenimiento, como se alejaba, su figura abandonaba el tren, todo, pero lo mas abandonado era yo mismo, que sentía aquel instante como final, irrepetible.
Por un momento, un tiempo ex temporal que no sabría medir, no conseguí tomar una acción. Miré el nombre de la estación, la hora, pensé en la hora, hace años que no llevo reloj, recorrí las muñecas impaciente, agudizando mi vista, todas las horas, una hora: 8.30, me apee, subí escaleras, busque, confundí las faldas, se había esfumado, ya no estaba, en esa marea de personas que enfrentaban su dirección con la mía. Volví, bajé escaleras, esperé otro metro, me quedaba una única esperanza, que fuera ese su trayecto habitual, que en su puntualidad rutinaria, volviera una y otra vez a realizar el viaje en los mismos horarios.- Yo estaría allí. Esperando.
Segunda vez, otro día cualquiera: consecutivo. Ocho y once.
Entre cada terminal el promedio temporal era de cuatro minutos, si había subido cuatro estaciones antes eran dieciséis minutos, sumando el tiempo muerto (dos) en cada parada me daba una suma de dieciocho, sumado a los doce, indicaba la hora exacta de bajada, faltaba un minuto, el horario de detención era ocho y doce.
Acompañé la detención con un paso poco firme, diletante, importaba solo el seguimiento de mi vista, busqué en cada ventana, en cada puerta acristalada en cada asiento, un lugar, su figura, su imagen en cada viajero
Entraba y subía a los vagones como un loco, no había tiempo había que decidir la elección por uno, entré en el tercero, caminé en la dirección del convoy, miraba hacia los lados, a los asientos, escudriñaba a las personas de pie. Por un momento pensé que no la volvería a ver. Pero allí estaba, otra vez ofreciéndome su imagen sobre el cristal para el regocijo de mis ojos. Cabello rubio, un corte casi masculino, bella, dominante, risueña vestida en un tono agradablemente oscuro, contrastando con su tez pálida, con sus ojos, enturbiando cualquier belleza a su alrededor. ¿Cómo podría llamar su atención? No sabía qué, como iniciar una conversación, mi timidez sobrealimentaba mi inacción, mi falta de decisión. Pensé quizá mañana...el tiempo se esfumó perdido entre el como y el cuando, otra vez eludió mi invisibilidad dejándome el perfume con un toque ácido de piel y esencia pagada.
Sería mañana, mañana concretaría mi plan de abordaje, intentaría al menos que notara mi presencia. Pero mañana estaba lejos y yo debía darle una vida, saber que hacía donde trabajaba como era su historia. Bajé raudamente para recuperar el tiempo perdido entre tantas cavilaciones, pero otra vez había perdido su imagen que tan firmemente se aposentaba en aquel cristal. Otra vez la multitud sumida en aquellos horarios vespertinos me confundía en un ir y venir de apuradas correspondencias. Sentado, soñando con un encuentro fortuito, casual o producto de un momento de inspiración seductora, con ese placer que produce la respuesta de una sonrisa a una palabra . Decidí que se llamaría Laura, la sonoridad del nombre me daba seguridad de continuidad, asociaba eso como a veces lo hacía con la catarsis que me produce de una canción suave pero contundente, con el amor por las cosas nobles y así era ella, poseedora de una nobleza candorosa. Laura trabajaba en una clínica dental, era la secretaria, la encargada de distribuir las citas, de las cobranzas, ella era todo lo que no era dominado por el tecnicismo que rodea a los profesionales para dar luz a una sonrisa, ella era natural en su sonrisa como en su vida. Me hubiera gustado que viviera sola, daría eso un interés especial en el sentido de como emplear su tiempo por elección propia sin el compromiso de cocinar para alguien, sino de elegir su tiempo, invertirlos en la variedad de gustos ligados a la perfección, su figura, su dulzura me hacían inclinar hacia esos notables comportamientos. Sin embargo en mis devaneos ingresaron dos hijas, una perra y amigos y amigas pocos, bien elegidos Comencé a sentir su cercanía, de tal manera que el roce inconsciente entre mis dedos me hacía pensar, sentir el roce con los suyos, el acercamiento a sus labios me aproximaban a ese calor, a ese hogar.
Un abrupto movimiento inercial me trajo hacia la realidad, mis ojos seguían abiertos pero ahora miraban figuras reales, existentes en ese mundo visible que hacía apenas instantes no contaba para mi.
Sería mañana, mañana intentaría entrar en la vida de Laura
Tercera vez: Logré coordinar horarios, vagón con su llegada, al verla llegar, acompañé su andar conservando una distancia prudencial y pude entrar al mismo tiempo que ella al vagón. Se sentó junto al cristal de la ventana como otras veces, pude sentarme a su lado observaba solapadamente. Su imagen, la real, ella misma, y la proyectada en el cristal, la más cercana me daba sensaciones calor, suavidad, una honda y pulcra notificación de olores de ensueño. La otra, la del cristal, brillo, contorno, perfección.
No podía dejar escapar el tiempo en tanto devaneo, quería tenerlo para poder hablarle, debía hacer algo, no quería hundirme en él como, otras veces. Me hubiera gustado deslizar mi mano en alcanzar la suya, en esa lucubración aterciopelada de su piel, en esa blancura perfumada.
Entonces sucedió! Miró su reloj pulsera, giró su cabeza hacia mí, sonrió y me dijo dulcemente:
- Me parece que es la primera vez después de tanto tiempo cogiendo este metro en el mismo horario día tras día, la primera vez que llegaré tarde al trabajo.
Confundido entre sus palabras y ese esperanzado aliento al escuchar pronunciarlas, prodigué:
- Si pudiera decirlo en una forma surrealista, diría que soy yo el que frena este vagón.
- No me diga, ¿y cuál es la razón de postergar mi llegada siempre tan puntual a mi trabajo?
- Alargar el tiempo
- ¿Le gusta viajar en metro?
- No tanto, después de todo, mis viajes, en su mayoría son ocasionales
- Como este supongo
- No
- ¿No lo es? ¿No es ocasional? ¿Se dirige a su trabajo quizá?
- Pues siguiendo con mi propuesta surrealista, he venido día tras día luego de semanas para poder coger este metro.
- No entiendo porque, pero sus razones tendrá
- ¡Si!, mi razón se ha comunicado conmigo y me habla
- ¿y qué le dice?
- Que no sabe porque lo hago, pero que seguramente tendré mis razones para obrar así.
- ¿Me implica en su obsesión por coger este metro día tras día a la misma hora?
- Es usted la razón de esta consecución, de esta obstinada forma de conseguir estos minutos que fueron parte de mis devaneos y hoy calibran en una realidad que atomiza mi presente de tal manera que no me parece estar en un transporte público subterráneo, sino más bien montado en una nube.
- ¡Ohh! Estoy sorprendida… quizá debiéramos seguir esta conversación fuera de esta penumbrosa circunstancia.
- Estoy de acuerdo
- Tengo que apearme, si no tiene inconveniente y su tiempo según sus palabras está marcado por el mío, me acompaña hasta la puerta de la clínica y hablamos en camino
- Más que de acuerdo
- Bien
Caminamos juntos, cercanos, hablando de cosas simples reconocidas hoy como maravillosas, fue un tiempo breve locuaz, medido en palabras y gestos, decorado con sonrisas y llenos de candor, ese candor del inicio, ese candor de la brevedad, ese poco, poquísimo tiempo que nos daba llegar hasta la entrada de aquel viejo reacondicionado edificio que se había convertido en su rutina diaria.
Nos miramos, nos dimos ese beso sin pretensión, giramos nuestros cuerpos y mientras yo soñaba con la Laura de hacía unos ya viejos instantes, recordé que no le había dicho, cuando, como…ni siquiera tenía forma de comunicarme. Rápidamente volví la vista hacia el lugar de aquella despedida, pero ella ya no estaba, Laura ya no estaba. Caminé sin rumbo, preocupado más en como resolver el próximo encuentro que en mi escritura, en el fulgor de mis próximas letras, más que en todo mi quehacer literario, pensaba en Laura y en como hacer para volver a encontrarla. 
Pronto y cansado logré sentarme en un banco de una plaza cercana, no podía dejar de pensar en aquel encuentro y en mi mala gestión de no haber sabido darle continuidad a ese sueño que movía mi despertar hacía tanto tiempo, hallar una mujer como Laura fue un letargo que, habiéndolo anidado en mis noches, en toda mi escritura, resaltaba esa incoherencia de no haber sabido resolver sin dilación. 
Llegué a casa apesadumbrado, subí las escaleras y me enojé con el espejo, culpándolo de todo, de mi vida vacía, de mi necedad. Un improperio acompañó mi mano en el bolsillo derecho de mi americana que estaba dispuesto a otro abandono. Mis dedos sintieron algo suave, los cerré apretando entre ellos la pequeña tarjeta, la acerqué a mis ojos…
Laura Asor
Turnos
Clínica Condal
Mitre 3218 Barcelona
Lo supe con el tiempo, a confesión de Laura, ella misma la había puesto en mi bolsillo en el momento de la fugaz despedida.
Los años pasaron…
- ¡Amor! ¿Estás en la biblioteca?
- Si amor, casi terminando
- ¿Cenamos fuera?
- Cenamos donde tu quieras, solo dame unos minutos
- Terminaré de contestar mis correos mientras te espero
- Feliz era una palabra inesperada, hoy a tantos años de aquel encuentro puedo decir que mis horas con Laura han sido la mejor prueba de una felicidad continua, de un amor que rueda por toda la casa aun sin terminar de lograrse por completo, quizá lo logremos en el día de mañana… ahora que recuerdo, ¡Eso fue lo que dije ayer!

MÁGICAS PALABRAS

Nulla dis sine linea
Llegamos al lugar indicado como si hubiéramos recibido una información cósmica. Él buscaba las suyas. Lo digo por Julio, claro a él le era más fácil, en cambio para mí, encontrarlas en una consecuente asociación con mis ideas, me era mucho más complicado, quizá por que Julio tenía ya bastantes compiladas. Mucha escritura y vida centradas en cientos de frases ya homologadas hacia la posteridad. Residían allí, en una secreta vida que les permitían perpetuarse, en ese mundo sin tiempo, las palabras como núcleos generadores de vivencias, afectos y sensaciones con el intrínseco valor cognitivo de su sonoridad y su inmanente disposición asociativa. Preparadas para un discurso coloquial, para una admonición literaria, en una clara conjunción de letras inseminadas de símbolos como sólidos puentes de comunicación.
Cuando entramos, había una pequeña recepción, donde un señor, alto con bigotes dispuestos horizontalmente a los lados de sus mejillas como signos interrogantes y vestido en forma solemne con frac, nos daba alguna indicación sobre el lugar, constaban sobre el escritorio , vacío de papeles, vacío de horarios, fechas, agendas o algo que pudiera significar compromiso. Nos explicaba como debíamos encontrar nuestras búsquedas, nos facilitó un gráfico pre impreso en blanco y negro donde se contorneaban las distintas partes del lugar. Saliendo de la recepción se ingresaba en un pasillo angosto que derivaba en un área circular cubierta por estanterías dispuestas en una misma redondez perimetral. En el centro, un gran escritorio circular con lámparas individuales, una al lado de la otra hasta cerrar el círculo, aportaba una especie de serenidad y ambientación placentera especial para la búsqueda y conciliación de las palabras.
A un costado estaban las escaleras que nos llevaban a dos pisos superiores concebidos de igual manera al de la planta baja. En sentido descendente, había otra que bajaba a un sótano con las mismas características circulares, con sus correspondientes estantes dispuestos en dos semicírculos por estancia acompañando la redondez de aquellos muros casi ovales. Aunque los estantes parecían vacíos, no lo estaban, daban por su frente y alto una idea de dimensión, no así su profundidad donde no se visualizaba un límite determinado, solo se patentizaba una limitación en la negrura de su infinita concepción universal.
En su interior, todas las palabras llenando ese espacio infinito. Allí permanecían en la espera de zutanos que buscaran conciliarlas , que definieran una historia, un cuento, en variadas construcciones literarias destinadas a ser escuchadas con los ojos de los muertos. Los diferentes estadios correspondían al mundo de los conceptos, que unidos a lo real y lo ficticio, ilustraban en forma de escritura, lo que los creativos y oficiosos escritores siempre nos han querido comunicar. El carácter general, tenía sin embargo, una simiente extraordinariamente semántica.
El primer piso, generaba un sentido sincrónico, mientras que el segundo y el tercero eran de contenido diacrónico. La planta baja conjugaba la sonoridad de las palabras que tanto implican para lo literario, en la consecución de una sensación armónica, casi musical.
El sótano funcionaba como apéndice, figuraban allí en forma añadida, accesoria para amalgamar la función de las palabras, las distintas alternativas como recursos ofrecidos para el relato. Así se podía dar uso a la parábola, la peripecia, la metáfora, la recurrencia, la paráfrasis, otros usos demandados, todos en función de la escritura. Permanecí sentado en la primera planta mucho tiempo, a Julio se lo veía subir y bajar en esa intensa búsqueda de palabras que lo había caracterizado durante su vida, en cambio a mi se me daba la complicación de enlazarlas una con otra, no sabía por momentos si bajar o subir, quizá esa falta de oficio o de agilidad intelectual o esa ductilidad estructural, que Julio tenía y que esbozaba al menor intento de congeniarlas.
Me contentaba, aún me contento, con aquello de que intentarlo es suficiente para encontrar una felicidad interior de poder disfrutar únicamente con el tránsito del camino, sin importar el destino, ensimismado en la realización, sin mirar, muchas veces, hacia el objetivo final, perdiendo de vista la contundencia que nos exige lo literario, esa necesidad de ser efectivos al momento de escribir. Al salir, y luego de prometerse uno reincidir en la visita, nuevamente el hombre de frac nos entregó una forma que debía llenarse con los datos del visitante y un ítem que enunciaba la palabra: testimonio, Julio escribió Rayuela, yo lo había dejado en blanco.
El encargado me preguntó: ¿ningún testimonio? Aunque lo considere poco importante... ¡No! - contesté - Aún no he logrado encontrar todas las palabras.
IDENTIDAD
Si hubiera sido algo rutinario, quizá le habría sido más fácil, pero él no tenía la costumbre de viajar en metro. Sin embargo ese día lo cogió en Paseo de Grácia para volver a su casa despues del trabajo, tenía solo tres estaciones hasta llegar a Lesseps para luego caminar hasta la calle Ballester donde residía hacía años, en un antiguo edificio, aunque renovado gracias a la gestión del actual presidente de la comunidad que ya llevaba cinco años en el cargo.
Se sentó en el metro y mientras miraba la llegada a la primera estación, una munjer se sentaba a su lado, la observaba sin tener que verla fijamente, de soslayo se había percatado que era elegante, bien peinada con cabello corto y aunque no se animó a verle los ojos para no delatarse, se los imaginó de un color tenua, haciendo contraste con su ropa oscura: un azul marino. Pensaba también que su olor era agradable, una mezcla de aquí estoy con Givenchy, la propia irradiación de su piel con esa mezcla de perfume francés casi evaporado. Sus labios eran finos, casi sin el detalle labial, con un color humano, húmedos, esperanzados. Alta, con porte de mujer decisiva, la imaginaba dando directivas, custodiando que se cumplan.
LLegaron a Fontana y ella no se había movido, él bajaría en la próxima, aunque le hubiera gustado seguir, seguir con ella todo el trayecto y esperar en algún momento poder animarse a decirle algo o que la fortuna hiciera algo en su favor.era el momento precisopara hacer una toma más directa sobre sus rodillas, sobre sus alargadas y finas manos, no llevaba anillo, solo un pequeño reloj Cartier de formato cuadrado, unos pequeños colgantes sin brillo y al realizar un giro para dirigirse hacia la puerta de salida pudo notar que ella giró su cabeza, allí pudo confirmar la sospecha sobre sus ojos color almendra. Pero lo que ella hacía era similar, buscaba enderezarse, mover su cuerpo en dirección de la salida. Destino: bajaban en la misma parada: "Lesseps", quizá este visconde lo ayudara acortando distancias como lo había hecho en Panamá o Suez, pero esta vez hacia esa delicada y femenina forma de caminar. Lo cierto es que mientras él caminaba, ella venía detrás, solo escuchaba un taconeo, no podía verla para no delatar su interés. Cuando viró por Gral.Mitre, el había perdido ese ruido esperanzador, siguiendo su camino hacia la calle Ballester. Fue entonces cuando al llegar al edificio, buscó la llave en su bolsillo, intentó abrir la puerta pero antes giró su cabeza porque sintió una presencia detrás suyo, era ella, que con una sonrisa, esperaba la apertura. - Buenas noches (dijo ella) - Buenas noches - Soy del 4to 3º El contestó con la formalidad de extener la mano derecha _ Ah, mucho gusto: soy 3ro4º - Igualmente, gracias por abrime la puerta
- ¿Es la primera vez que nos cruzamos verdad?
- Así parece, tampoco hace tanto que vivo acá, aunque me parece casual que en dos años que resido nunca nos hallamos visto, ni siquiera en las reuniones de comunidad que ahora por varias razones son más asiduas.
- Bueno, quizá mañana tengamos la oportunidad, si es que no volvemos a estar en desacuerdo con la asistencia y usted va y yo no o viceversa.
- Mañana iré, han de cambiar toda la puerta de entrada y estoy interesada en los materiales que utilizarán
- También yo iré para dar mi opinión al respecto
Ya en el ascensor, llegando al 3º, se despidieron y 4to 3º siguió hasta su piso.
Al día siguiente, a las ocho de la noche en la reunión:
- El presidente (2do 1º) leía la órden del día mientras el secretario (1ro 3º) tomaba nota de la asistencia.
4to 3º y 3ro 4º se habían saludado al llegar y por cortesía se sentaron juntos, los dos habían llegado prematuros a la reunión.
Leído el orden del día, 2do 1º hizo alusión a los presupuestos sobre el cambio de la puerta de entrada, la que se había decidido cambiar por un aluminio pintado ya que la madera astaba visiblemente deteriorada.
En esos momentos, él se acercó para hablar en voz baja
- Voy a decirle algo, nunca me hubiera imaginado que usted, la señora del metro, fuera 4to 3º, me sorprendió esa situación después de haber esperado tanto tiempo por conocerla.
- ¿Sí? ¿Usted estaba intrigado por mí?
- Mire, en dos años reuniones, 2do 1º siempre la nombraba y citaba algunas sugerencias suyas respecto a las cuestiones de la comunidad y que en ellas se había basado para presentar alguna moción sobre cambios. Sin embargo, parece ser que cuando usted acudía a la reunión, yo no lo hacía, en cambio al hacerlo yo no lo hacía usted, así nunca hemos coincidido hasta hoy.
- Bueno sí, puede ser verdad, la última vez tuve que ir a la Costa Brava por una invitación y como los viernes no trabajo... pues muchas veces las reuniones son en ese día de la semana. Pero he de confesarle una cosa, también yo estaba intrigada, siempre se hablaba en las reuniones de 3ro 4º y yo esperaba ponerle rostro. Aunque la verdad es que algunas cosas se de usted en este tiempo.
- ¿Qué es lo que sabe de mí?
- Bueno, la verdad es que me da verguenza confesarlo
- Quizá me de más verguenza a mí porque yo sí se algunas cosas de usted y...
- ¿Sí?
- ¡Sí!
- A ver 4to 3º,seamos sinceros. Yo le contaré pero primero dígame como está de la tensión arterial
- De la....¿Cómo sabe?
- No se como decirlo...bueno, he mirado en su basura y he visto que está medicado con atenolol (50mg) amoldipino (20mg. Lo siento, es la verdad.
- Ahhh...y yo que pensé que...¿Usted come poca carne verdad?
- Si ¿Cómo lo sabe?
- Bueno he mirado en su basura y casi siempre hay restos de pollo.
- ¿Usted también?
- ¿Qué más sabe de mí?
- Qué está solo
- Como usted
- Sí, mi basura me delata ¿No es así?
- Sí, y la mía
- Compartimos algunos gustos, el vino por ejemplo, yo bebo Coto de Imaz como usted.
y supongo que la leche...
- No, usted bebe La Asturiana y yo una mas baratita, no es por el precio, sino que la que bebo no contiene lactosa.
- También sé que hay fines de semana que viene su hijo, he recapacitado y a veces me he cruzado con él ahora lo sé, es su viva imagen.
- Ah... pensé que me iba a decir que lo habia visto en la basura.
- No, pero si sé que le gusta el pescado porque cuando viene, ese fin de semana, en su casa se come pescado
- ¿Qué más delata mi basura?
- Bueno, que es usted limpia, ordenada
- ¿Porqué lo dice?
- Porque todas las semanas limpia la tierra
- Claro eso va a la basura
- Exactamente
- La semana pasada casi subo al 4º , a su piso
- ¿Sí? ¿Porqué no lo hizo?
- Por timidez, supongo
- ¿Lo hubiera hecho por conocerme?
- Quizá, pero lo que quería era ayudarlo
- ¿Ayudarme?
- Sí ¿Se cortó, no es así?
- Ahh... sí claro las vendas en la basura
- Sí
- Un corte superficial, fue cocinando, ya sabe que me gusta cocinar
- Sí claro, su basura dice que usted hace guisos, ya sabe: patatas, latas de tomate...
- Sí
- Aunque, hace tres fines de semana he visto que ha comprado jamón serrano, así que estuvo de bocata
- Es cosa rara en mí
- Lo sé
- Supongo que usted debe tener que ver con Asturias
- ¿Por qué lo dice?
- Bueno, ya sabe, las cascaras de mariscos
- Ahh, es cierto, me gusta el marisco y también es cierto que he nacido en Asturias, sin embargo, usted en un lugar más cálido, quzá Andalucía
- ¿Por qué lo dice?
- Por el gazpacho
- Ah si, nuevamente la basura, el pepino delata más que cualquier otra verdura
- Y dígame... ¿Le fue bien en el viaje a Paris?
- Los billetes en la basura ¿verdad?
- ¿Dónde sino?
- Pues sí, me fue bien, he estado un fin de semana con mi hija, ha sido fantástico, sobre todo es que me gusta mucho la cocina francesa
- Bueno, la nuestra tampoco está mal
- Si claro, la cocina española se ha superado a sí misma
- Bueno la verdad es que me gustaría saber más de usted sin hurgar en su basura
. Y a mí
- ¿Le gusta el cava?
- Sí, además pega con el marisco
- Lo sé, ayer he comprado unas gambas de origen argentino, gambones les llaman
- ¿En la Boquería verdad?
- ¿Cómo lo...?Ah, otra vez la basura
- ¿Le gustaron?
- Ah, los he pelado, pero no los he comido aún
-¿ Ah no?
- No. ¿Y si los comemos juntos? ¿Qué le parece una cena con cava y mariscos?
- Pues, diría que me cautiva la idea
- ¿A las nueve le parecería bien?
- En 4to3º o 3ro 4º?
- En 4to, si no le parece mal
- No, me parece mal, pero tendrás que cocinar y ensuciarás la cocina
- No importa, limpiaré todo como siempre cuando cocino, solo que esta vez será para dos, luego, los restos, ya sabes....a la basura
- ¿En la tuya o en la mía?
FUTUROS RECUERDOS
Montroy, Febrero 22 de 2007
Hay cartas que raramente se envían. Supongo que esta tendrá el mismo destino de tantas otras: El cajón de mi escritorio.
Querida Laura:
Hemos compartido el mundo de una generación conflictiva que proyectó sobre nuestras vidas una forma de sentir. Con esto significo que podemos hablar de las mismas cosas, que son nuestras, que son inherentes a nuestro devenir. La música por ejemplo: el bolero es tan nuestro como el “Ayer” de Lennon. Me has dejado un sendero con señales, que yo, metido en esa cotidaniedad convertida en rutina que no debí dejar que nos abarcara no supe percibir, esas señas que ibas dejando como alertas, como si me mostraras lugares vacíos que en algún momento serían ocupados, que provocarían un desplazo. Este último tiempo has tenido varias ocasiones de decírmelo pero se que para ti es difícil decirlo, casi tanto como para mi el haberlo escuchado. Se que no hay nada mejor que el tiempo para pasar; y pasa. El tiempo pasa. Imagina, hace un año ya. Un año que se diluyó en una tensa calma, en un tórrido transcurso de días de irrelevante sonoridad, claxon de la vida que de tanto oírlos acostumbra nuestro sentido auditivo: se nos hacen comunes, asimilables. Sin embargo aquellos que quisiéramos escuchar, se nos alejan, se añoran Laura. 
Cada vez más me concientizo que vivir es construir futuros recuerdos. En una atroz concordancia, cuando el pasado año se hablaba del principio del fin (el fin de los atentados armados) yo nunca pensé en el fin. Pensé que nuestro fin era el principio. Pero lo otro era destructivo y ya sabes que no me gusta nada eso, que no justifico ninguna guerra, no me gustan siquiera los altisonantes, no entiendo lo que destruye. Pero lo nuestro era una construcción, algo idílico que fue tomando cuerpo, que tuvo sus bajos, sus altos, con tonalidades, pero sumergido irremediablemente en la esperanza que es tan abstracta a veces, que no se cristaliza nunca, pero existe y nos da sentido; ilusión. Te recuerdo. No como quisiera, temporalmente al menos, ya que ese recuerdo hubiera querido que estuviera referido a instantes recientes, pero no hay nada mejor que la realidad tangible para ese baño que da rigor a la pérdida. 
A veces llevo tu sonrisa en mi bolsillo. Me resulta embarazoso cuando realizo alguna compra y en plena búsqueda de intercambiar lo que tenemos con lo que nos ofrecen, me topo con aquella boca que elevó mi placer al sentimiento. Hube de comprar algún atún en lonchas para darme cuenta. Recuerdo nuestro primer encuentro, la primera vez, el primer sonrojo. Uno siempre tiene ese candor: el mismo de la pubertad cuando miramos a alguien por primera vez con un interés mayor, con algo sobrescrito que únicamente dos pueden interpretar. Quizá pienses que me voy en palabras, y si esto quiere ser una explicación sobre lo que nos pasó, sobre mi mismo, quizá no entiendas tanta profusión linguística. 
Pero querida Laura, quiero contarte, decirte, lo que ha pasado por mi corazón en este tiempo, pero también me lo digo, me lo repito a mi mismo. Es como si aprovechara para contárselo a dos personas a la vez. No creas ni por un momento que estar a tu lado fue, pero en nada querer ser como los demás, como aquellos que están juntos pero no saben que los une, que los retiene a permanecer en ese estado. Quería, necesitaba que todo fuera diferente. Me gustaba tu preocupación, tus gestos, tu mirada, tu dulzura…y tu Cocido (porque no decirlo) que disfrutaba sentado a la mesa de tus encantos. 
Un año Laura. Un año de lucha entre querer conciliar contigo sin que notaras casi mi indiferencia en algunas circunstancias y mi deseo frustrado de correr desesperadamente lo más cerca de tu cuerpo, de tu vida. Así viví. Así asistí a la convocatoria de mis primeras y últimas Fiestas Falleras. A aquel mercadillo librero de La Gran Vía donde no supe seleccionar el libro concordante con la asfixia de mi estado de soledad: soledad de ti, soledad impuesta de todo aquello que significara que no estuvieras a mi lado. Todo me era igual. Estoy tratando de ser lo más sincero posible, lo que me permite la educación que recibió mi conciencia, aquella que condiciona de alguna manera nuestra forma de pensar, de ver la realidad, de imaginar y crear algunas ficciones que nos dan ese lugar al que pertenecemos. Hoy fue un día de cine. 
No se porque a veces nos empeñamos en ponerle sal a la herida. El título de la película me animaba aún más a sentir tu falta: “Mis días sin ti”: Argumento tristemente cómplice de alguien que lo pierde todo, y cuando hablo de todo, sabes bien que no me refiero a algo material. El personaje deja un mensaje final: “He dejado los armarios vacíos, tan vacíos como mi esperanza de recuperarte. No me esperes, me voy al trópico” Regresé más abrumado que cansado y hurgando en mi polvorienta biblioteca, justo al lado de aquel diccionario de antónimos y parónimos, encontré un libro de tapas azules: también te trajo a mi. Pero me detuve en el diccionario: busqué la palabra amor, seguidamente decía: odio. No era lo que tenía pensado como antónimo, hubiera concebido mejor la indiferencia. Será porque la tuya, tu indiferencia, me desequilibraba más que si me hubieras odiado, si me odiaras Laura, me darías la oportunidad de reconquistarte. La indiferencia no da oportunidades. Me vienen a la memoria, tantas cosas…..aquel día por ejemplo en que compramos dos pulseras, dos baratijas que de alguna manera nos unían. 
Nunca te dije, pero luego de unas semanas, volví al lugar, y compré otra igual a la que nos regalamos, porque me parecía iba a perder aquella primera. Compré otra igual para que supieras que nunca me había olvidado: aún conservo las dos. Si te dijera por ejemplo: 12 de febrero, para ti no significaría nada, pues para mí fue la noche del silencio y del abrazo, esa noche que al acontecer del tiempo no me dejó dormir, sentí lo mismo que en aquellos momentos, pero más exacerbado, quizá se disipaba, pero tuve la sensación de estar volando. Fue quizá la última noche que hicimos el amor. Querida, es la segunda. Quizá la tercera, no lo se, pero son las veces que estoy tratando de terminar esta carta: de disfrazar mi despedida con algún antifaz de alegría, con alguna sintomatología que renueve aquella idílica esperanza. Lo siento, no se me ocurre nada más acorde para el caso, que pensar en una cena que se pretende íntima y donde las velas no se han encendido, en un tigre que bosteza su aburrimiento en espera del fracasado regreso de su tigresa o quizá en el propio suscriptor de esta misiva que en unos momentos cerrará la puerta tras de sí, formando un eco de palabras que resonarán largamente en el ambiente, dejando tan vacía la esperanza como armarios imaginarios que nunca fueron compartidos: No me esperes, me voy al trópico.

 

Julián

LA PROPUESTA

 

El catarro me estaba poseyendo, el resfrío, lejos de desaparecer comenzaba a profundizarse y planear sus vacaciones entre tissues que iban entrando en el cesto a poco de haber sido abiertos. El desgano que procede a una enfermedad no deja, a pesar de todo, que se interrumpa mi estilo personal en inquietarme por descubrir cosas que, más allá de lo novedoso, me ayudan a una posible historia. Pensaba en Laura, no sé si es porque dispongo de tiempo o porque me estoy acostumbrando a su forma, a su respuesta, al juego que jugamos desde el primer día.

 

Lo cierto que entre esos enrevesados pensamientos, entre idas y venidas hacia la cocina, vigilando mi caldo de pollo, me entretenía leyendo por internet, más bien esquivando las noticias características que nos invaden día a día, La bolsa, Cristiano, los goles de Messi, la crisis......esperaba algo mejor, claro todo estaba allí pero mi ojo experto ignoraba aquello que parece lluvia sobre lata y que ya no nos deja ni siquiera perplejos, lo malo se ha instalado para ser costumbre, pero yo, animal irreverente instalado en el desagrado, en descontento, insisto en que debemos buscar lo mejor, lo diferente. En eso estaba yo cuando leí algo que esta vez sí llamó mi atención, entre tanta noticia repetida, había algo en letra pequeña que asomaba como ese sol radiante en el comienzo de las mañanas, algo de esperanza aunque luego se nuble.

El texto decía : "Estrategias para una propuesta" "Estar juntos no significa estar de acuerdo en todo, aun sin parecerlo, siempre estamos negociando para conseguir lo que queremos, lo que nos atrae. Si uno necesita decirle algo a ella o a él, debe hacerlo con la mayor naturalidad posible. Claro que siempre hay, por personalidad, quien prevalezca más que el otro, alguien con más labia o fuerza que trata de imponerse. Lo normal en cualquier caso es ceder en ciertas ocasiones (que no en todas) igualmente, sea como sea, hay cosas a las que uno no debe renunciar tan fácilmente, pero son cosas que están, que viven en nuestros tuétanos, de lo que estamos hechos, el porque somos así, que nos hace serlo.

 

Quererse uno mismo y valorar nuestras capacidades es un seguro de vida en cualquier relación, es el aporte que podemos dar desde el otro lado. Valorarse y estar a gusto con nosotros, con nuestro físico es muy importante a la hora de la seducción, así que lo primero es creérselo, creer que somos magníficos ya que eso más tarde o más temprano se traslada. Elegir el momento, antes de cualquier solicitud, debemos tomar en cuenta el ambiente que sea el adecuado, no podemos abordarle de buenas a primeras, sin una antesala, ni interrumpirla para mostrar que lo que decimos es más importante que lo que dice ella. Debe haber una cierta relajación (aunque si fuera la primera vez que lo propones, se torna difícil) no debe haber estrés ni cosas por hacer, de esta manera se está más receptivo a escucharse. Debemos intentar que el lugar no sea común, digamos que aunque sea común a los mortales, no lo sea para las dos personas intervinientes.

 

La conversación quizá no verse sobre hechos importantes pero en medio de ella y en forma natural (camuflado) como si uno estuviera hablando del tiempo, se hace presente la propuesta. Con tacto y sin miedo, así se proyecta una buena estrategia. Las mujeres generalmente suelen poner en juego sus armas de seducción cuando quieren algo y casi siempre tiran de sus encantos y eso manifiesta su sexualidad. Pero la palabra es una de las formas de seducción más poderosa, claro que es importante lo que se dice, pero de igual calibre es la importancia del como se lo dice, la posibilidad de una respuesta negativa, puede producir un vacilamiento y eso modificaría seguramente el sentido de lo que pretendemos. Debemos tener en claro lo que queremos, y que no lo queremos por un bien individual, sino que el bien beneficiará a ambos, "los dos nos veremos beneficiados". "La forma es importante, impregnada de palabras dulces y un tono suave, evitando toda brusquedad y sin ser demasiado directo, después de todo eso dará el nivel de comprendimiento y receptividad que el otro tiene en ese mundo mágico en el que perviven mientras están juntos. El enfoque debe ser plural, no hay que pedir por uno, ya que como se dijo, el beneficio es para dos, no se debe mirar únicamente desde una perspectiva y que el otro vea únicamente una necesidad momentánea, si uno piensa en una modificación, en algo nuevo, positivo, que este cambio se manifieste por sí mismo en un bien para los dos. Llegados a esta circunstancia, dejar entrever al otro como se beneficiará al ceder a la petición". Al leer esto me pareció comprender que yo también debía tener una estrategia, me sentí igual de enfermo, pero con ideas renovadas, bueno, la verdad es que el caldo también hizo lo suyo. Volví a mi pensamiento inicial: Laura, cavilé en la mejor forma de decírselo, buscar el momento y lugar adecuado, casi copiando el artículo, iría yo a por todas, subrepticiamente claro. Antes debía pensar que lo primero debería suceder es una mejoría, este catarro quizá no me deje ser del todo locuaz, necesito que se me entienda, que interprete la proposición.

 

He pensado mucho en ello ya desde antes del caldo y no veo errores en mi estrategia, se lo diré el sábado, si el sábado es un buen día y será de noche con lo que un poco de penumbra ayudará, por eso del ambiente. A pesar de todo debo confesar que no sería la primera vez que lo hacemos, por lo tanto quizá la propuesta adolezca del factor sorpresa, pero si la primera vez fue bien, no tiene porque no serlo esta segunda. Bueno, me armaré de valor, esperaré el momento oportuno y el sábado mismo le digo a Laura si quiere cenar conmigo.

 

 

 

TREINTA AÑOS NO ES NADA

No conocí a Cortázar en persona, pero tampoco a Sócrates, sin embargo abrevo de sus experiencias. Carezco de nostalgia respecto a ciertas certidumbres, a pesar de ello soy todo eso (nostalgias) sobre inciertas cosmogonías. Creo en los destellos que convierten algunos postulados, y a sus postulantes en clásicos. He sentido la pobreza al igual que Akakiy Akakievich, así como nuestra vieja casona (mía y de mi hermana Irene) se convirtió en una Casa Tomada. Tampoco he coincidido cronológicamente con Platón, sin embargo he vivido intensamente los Diálogos de Amor de León Hebreo. Nunca he querido pervivivir, por eso siempre me he decidido por la vida y ésta, gran parte de ésta se circunscribe a mi dedicación por la escritura.
Julio fue una nota musical en medio de la noche, me despierta aún cuando lo leo, cuando en entresueños sigo admirando su destreza, aún hoy sus letras me infieren una suprema nobleza. Cortázar persigue lo infinito, hace pensar, establece un acuerdo tácito con el lector al que no le es todo dado, su colaboración es crucial, Julio, el escritor, marca el sendero.
Nos dice en sus charlas en la Universidad de Berkeley que enfundado en el preciosismo de la lengua hizo un trayecto prospectivo marcado por una época determinada por un esteticismo de inusitada belleza, su cambio fue a "cuento" de un viaje, la riqueza de otras clturas le dieron el pretexto y la historia comenzó a ser mucho más importante que la forma de contarla, desplazando el objetivo desde un planteamiento de culto a la literatura hacia ese mismo arte como indagación del destino humano.

La síntesis del comentario es que a Cortázar se lo sigue leyendo al ritmo de nuevas ediciones editoriales. No deja de ser un referente paradigmático de como se escribe un cuento, aunque nunca albergó la instancia de ser a conciencia quien dicte normas al respecto, "no se escribe ni bien ni mal" decía..."hay temas bien tratados o mal tratados". Sin duda él perteneció a la estirpe de su misma invención, me refiero a esos seres verdes y húmedos al que hizo referencia y bautizó de Cronopios que eran criaturas ingenuas, idealistas, desordenadas, sensibles y poco convencionales, a diferencia de los Famas: rígidos, organizados y sentenciosos.
No soy dado a los tópicos, pero en este caso es justificado aquello de que: la fama es puro cuento